Perspectivas
El déficit turístico se achica pero seguirá drenando dólares
El déficit turístico se achica pero seguirá drenando dólares: qué pasos se discuten para revertirlo
El dato
Argentina viene de un 2025 récord en materia de salida de dólares por turismo, y aunque en 2026 el desequilibrio se redujo, seguirá siendo una fuente relevante de presión sobre las reservas del Banco Central. En los primeros siete meses del año, la cantidad de argentinos que viajó al exterior cayó 14% frente a 2025, mientras que el turismo receptivo —extranjeros que llegan al país— repuntó 8%. Aun así, distintas estimaciones privadas coinciden en que 2026 cerrará con una salida neta de divisas de entre 6.000 y 9.000 millones de dólares.
Según datos de Fundación Mediterránea, la brecha entre argentinos que viajan afuera y extranjeros que entran había llegado a 5,1 millones de personas en 2025 y bajó a 3,7 millones este año. En términos de flujo, ya ingresaron 3,4 millones de turistas no residentes en lo que va de 2026, mientras que 7,1 millones de argentinos viajaron al exterior: por cada turista extranjero que llegó, 2,1 argentinos salieron de vacaciones afuera, una relación similar a la de 2018 pero bastante más moderada que el récord de 2025, cuando ese cociente había tocado 2,6.
Para el economista Fernando Marull, socio de FMyA, la comparación histórica es elocuente: mientras la balanza energética pasó de un rojo profundo entre 2013 y 2015 a un superávit proyectado de 12.500 millones de dólares en 2026, el turismo mantuvo un déficit casi constante desde 2012, con un pico negativo cercano a los 9.000 millones en 2017, y una proyección similar para este año.
Por qué pasa esto
Las explicaciones que circulan entre los economistas consultados por Ámbito coinciden en un núcleo común: el tipo de cambio real apreciado hace que viajar al exterior resulte relativamente más barato que hacer turismo interno para buena parte de los sectores de ingresos medios y altos, mientras que los costos locales —impuestos incluidos— siguen siendo elevados. El economista Federico Glustein señaló que, además del factor cambiario, inciden los costos locales, fundamentalmente los impositivos, que siguen siendo altos, y que la salida de divisas por turismo podría rondar los 6.000 millones de dólares hacia fin de año, concentrada sobre todo en el último tramo de 2026 y con destinos como Brasil, Estados Unidos y Europa a la cabeza.
Desde Fundación Mediterránea agregan otro matiz: si bien la desregulación del sector y la baja de la inflación ayudan a mejorar su funcionamiento, la política cambiaria no colabora con la competitividad turística, dado el nivel de apreciación de la moneda que trae aparejado el plan de estabilización.
Qué pasos se discuten para reducir el déficit
A partir de lo que plantean los propios especialistas consultados en la nota, se pueden agrupar las palancas que se discuten en el sector en varios frentes:
- Competitividad cambiaria. Es el punto más señalado: mientras el tipo de cambio real se mantenga apreciado, seguirá siendo más conveniente para buena parte de los turistas argentinos —sobre todo los de mayor poder adquisitivo— viajar afuera que adentro. Revertir esto no depende solo del sector turístico sino de la política macroeconómica general.
- Presión impositiva sobre el turismo interno. Los especialistas remarcan que los costos locales, con una carga impositiva alta, encarecen la oferta doméstica frente a destinos internacionales. Una reducción de esa carga sobre hotelería, gastronomía y transporte interno podría achicar la brecha de precios relativos.
- Aprovechar el repunte del turismo receptivo. El crecimiento del 8% en la llegada de extranjeros muestra que hay una oportunidad concreta de generar ingreso de divisas. Sostener y ampliar ese flujo —vía promoción internacional, facilidades para visitantes y mejoras en conectividad aérea— es visto como una de las formas más directas de compensar la salida de dólares por turismo emisivo.
- Desregulación del sector. La simplificación de trámites, la baja de costos operativos para prestadores turísticos y la eliminación de trabas regulatorias son señaladas como factores que ayudan al funcionamiento del sector, aunque no alcanzan por sí solas si el tipo de cambio sigue jugando en contra.
- Diversificación de la oferta y estacionalidad. Ampliar la oferta de destinos y experiencias fuera de la temporada alta tradicional, y desconcentrar la demanda de los polos más conocidos, es una estrategia habitual para elevar el gasto promedio del turista extranjero y estirar la temporada.
El contexto que lo compensa (por ahora)
Un dato que aparece en el análisis de Marull es que el rojo turístico convive con un fuerte superávit energético —proyectado en 12.500 millones de dólares para 2026— que en la práctica compensa buena parte de la salida de divisas por viajes. Fundación Mediterránea lo remarca explícitamente: el déficit turístico resulta hoy compensado por un buen desempeño de la balanza de bienes, aunque de todos modos implica una presión adicional sobre las cuentas externas y, eventualmente, sobre la acumulación de reservas del Banco Central.
Esa dependencia de otro sector para «tapar» el agujero turístico es, justamente, uno de los argumentos centrales de quienes piden atacar el problema de fondo: si el tipo de cambio se corrige o el superávit energético se modera, la salida de divisas por turismo volvería a pesar de manera más directa sobre las reservas.
Números para seguir de cerca
- Déficit turístico proyectado para 2026: entre USD 6.000 millones y USD 9.000 millones, según la fuente y el escenario.
- Turismo receptivo 2026 (estimado): entre USD 5.300 millones y USD 5.800 millones de ingreso de divisas.
- Turismo emisivo 2026 (estimado): entre USD 11.000 millones y USD 12.000 millones de salida.
- Relación turistas salientes/entrantes: 2,1 a 1 en 2026, contra 2,6 a 1 en 2025 y un nivel similar a 2018.
Ideas y antecedentes para fomentar el turismo nacional
Más allá de lo que plantea la nota original, hay varios instrumentos de política turística —algunos ya probados en Argentina, otros propuestos o vigentes en otros sectores— que suelen aparecer en el debate sobre cómo achicar la brecha entre turismo emisivo y receptivo:
- Reflotar un esquema tipo Previaje, pero acotado y fiscalmente sostenible. El programa de reintegro de hasta el 50% del gasto en turismo interno, lanzado en 2020 y discontinuado con el cambio de gobierno, tuvo un fuerte impacto en su momento: llegó a movilizar hasta $165.000 millones en una sola edición y alcanzó a millones de turistas, con un retorno fiscal vía IVA y cargas patronales de hasta el 83% del costo para el Estado. Existe incluso un proyecto en el Congreso para convertirlo en ley permanente y sacarlo de la discrecionalidad de cada gestión. La discusión hoy pasa por si el equilibrio fiscal actual deja margen para un esquema de ese tipo, aunque sea más chico o mejor targeteado (por ejemplo, solo temporada baja o destinos de menor desarrollo).
- Extender un régimen de incentivos a la inversión en infraestructura turística. Argentina ya tiene el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones), pensado originalmente para energía y minería, pero con reglas que no excluyen a otros sectores si el proyecto supera cierto umbral de inversión. Aplicarlo —o crear una versión específica y de menor escala— para hotelería, termas, centros de esquí o desarrollos en destinos poco explotados podría atraer capital privado para ampliar la oferta y la calidad del turismo interno.
- Ampliar y simplificar la devolución de IVA a turistas extranjeros (Tax Free). Es una herramienta que ya existe en Argentina de forma parcial, pero suele estar poco difundida y con trámites poco ágiles. Mejorarla es una vía relativamente barata para el Estado que apunta directamente al segmento que más está creciendo: el turismo receptivo.
- Aliviar la carga impositiva sobre servicios turísticos domésticos. Tanto Glustein como Fundación Mediterránea, en la nota original, señalan los impuestos como uno de los factores que encarecen la oferta local frente a viajar afuera. Una baja focalizada —por ejemplo, en Ingresos Brutos provinciales sobre hotelería y gastronomía, que suele ser el tributo más distorsivo— podría mejorar la competitividad de precios sin necesidad de un programa de subsidio directo.
- Competencia y conectividad aérea de cabotaje. La desregulación del mercado aerocomercial de los últimos años (más rutas de líneas low-cost) bajó tarifas en algunos tramos, pero la cobertura sigue siendo desigual entre regiones. Ampliar rutas directas entre provincias —sin pasar por Buenos Aires— y sostener la competencia entre aerolíneas es clave para bajar el costo de acceso a destinos del interior.
- Desestacionalización y diversificación de la oferta. Argentina ya definió tres feriados con fines turísticos para 2026, pensados para generar fines de semana largos que dinamicen destinos fuera de la temporada alta tradicional. Profundizar esa lógica —sumado a promover circuitos menos conocidos (turismo de naturaleza, rural, de reuniones, gastronómico)— ayuda a repartir mejor la demanda a lo largo del año y evita la sobreoferta o subutilización estacional.
- Promoción internacional coordinada. El repunte del 8% en turismo receptivo muestra que hay demanda potencial para captar. Sostener campañas de promoción en mercados prioritarios (Brasil, Chile, Estados Unidos, Europa) a través del INPROTUR, y coordinarlas con la política cambiaria y de visas, es la contracara natural de cualquier estrategia para compensar la salida de divisas por turismo emisivo.
Ninguna de estas alternativas actúa de forma aislada: como remarcan las fuentes consultadas en la nota original, mientras el tipo de cambio real se mantenga apreciado, cualquier incentivo sectorial compite en desventaja contra la opción de viajar al exterior. Por eso el consenso entre los economistas citados es que la solución de fondo pasa por la macroeconomía, y las herramientas sectoriales —Previaje, RIGI turístico, Tax Free, baja de Ingresos Brutos— funcionan como paliativos que ayudan a administrar el problema mientras esa variable no se corrige.