Perspectivas
La previa a las Elecciones: El partido de ajedrez que ya conocemos
Argentina tiene un juego de ajedrez recurrente. Cada vez que se acerca una elección importante, el tablero se arma casi igual. No es magia ni una conspiración de un solo villano. Es un patrón de incentivos económicos y políticos que se repite porque funciona… hasta que deja de funcionar. El problema es que este juego lo pagamos caro todos.
La última crisis lo demostró con claridad: el ataque fue real, pesado y coordinado. Y esta vez nos salvó, principalmente, el respaldo de Estados Unidos y de Trump. Sin ese ancla externa creíble, el resultado hubiera sido otro.
La buena noticia es que el patrón es previsible. Y lo previsible se puede mostrar, anticipar y desarmar. El objetivo de esta nota es simple: mostrar el juego completo para que la gente lo vea venir y no caiga en la trampa del miedo.
El tablero y las reglas del juego enemigo
Ellos no juegan con una sola pieza. Usan un conjunto coordinado de fichas que se activan en secuencia. Y esta vez las blancas quedaron del lado de los intereses que buscan debilitar al programa económico antes de las elecciones.
- Los peones (la masa): los ahorristas argentinos. Son la pieza más numerosa y la que realmente mueve volumen. Cuando aparece miedo político (“riesgo K”, incertidumbre sobre el programa), dolarizan. En el ciclo 2025 llegaron a demandar entre 30.000 y 42.000 millones de dólares. Sin estos peones, el ataque no tiene fuerza real. El miedo de la gente es el combustible principal.
- Los caballos (especuladores y bancos): toman cobertura rápida en futuros, duales y dollar-linked. Son ágiles, entran y salen. En el pico de 2025 el stock de cobertura llegó a unos 17.000 millones de dólares. No necesitan convicción ideológica: solo necesitan volatilidad y miedo. Son los que más rápido huelen la debilidad.
- Los alfiles (sectores empresarios interesados): algunos exportadores que retienen liquidaciones esperando un tipo de cambio más alto, y parte de la industria protegida que presiona por devaluación para recuperar competitividad. Juegan en diagonal: a veces silenciosos, a veces ruidosos. Sus intereses económicos coinciden, en esos momentos, con el debilitamiento del programa.
- La torre (oposición política + medios): generan la narrativa de incertidumbre. No ponen los dólares, pero activan el miedo de los peones. Una derrota parcial, una encuesta, una ley que tensiona el fiscal o una operación mediática alcanza para empezar a mover el tablero.
- La dama (el momento político): el verdadero multiplicador. Cuando aparece una señal de debilidad política del gobierno, todas las demás piezas se potencian.
La secuencia clásica es siempre la misma:
Señal política negativa → miedo → dolarización minorista + cobertura institucional → presión sobre el tipo de cambio → venta de reservas o intervención en futuros → suba de tasas → freno de la actividad → más miedo.
Si no se corta temprano, se transforma en estrés financiero real.
Nuestras piezas (las que realmente importan)
Nosotros también tenemos un juego. Y es más fuerte cuando se juega con anticipación y transparencia:
- El rey (el ancla fiscal): el superávit y la disciplina. Es la pieza que no se puede entregar. Mientras el fiscal esté sólido, el ataque tiene techo.
- Las torres (poder de fuego financiero): reservas netas reales + swaps (especialmente con Estados Unidos) + posición limpia o controlada en futuros. Tener capacidad de intervención de 20.000 millones de dólares o más cambia completamente el cálculo del rival.
- Los alfiles (respaldo externo creíble): el vínculo con Estados Unidos demostró en 2025 que puede cortar una corrida en seco cuando es percibido como sólido y condicionado al resultado político. Trump y el apoyo estadounidense fueron decisivos. Sin ese respaldo visible, el ataque hubiera avanzado mucho más.
- Los caballos (intervención temprana y quirúrgica): actuar en futuros o en el spot apenas se acelera la demanda, antes de que se dispare el volumen minorista. También los incentivos puntuales a liquidación de exportadores.
- Los peones (la comunicación y la transparencia): mostrar el juego en público. Explicar la secuencia, poner los números, anticipar los movimientos del rival. Cuando la gente ve el patrón, el miedo pierde potencia. Esta es la pieza más subestimada y, al mismo tiempo, la más poderosa.
- La dama (la voluntad política visible): que el mercado perciba que el gobierno está dispuesto a usar todo el poder de fuego y que el costo de atacar el peso es alto.
Cómo desarmar el juego desde ahora (la estrategia transparente)
La forma más efectiva de ganar este partido no es esperar a que empiece la partida electoral. Es jugar en público y con anticipación:
- Mostrar el patrón completo desde hoy
Decir abiertamente: “Esto es lo que suele pasar. Estos son los volúmenes históricos. Esta es la secuencia. Estos son los intereses económicos que se activan”. Cuando el patrón es público, deja de sorprender y pierde capacidad de generar pánico. - Construir poder de fuego visible antes de que haga falta
Acumular reservas netas, tener los swaps disponibles y limpios, y mantener la posición en futuros bajo control. El mejor momento para preparar el blindaje es cuando no hay presión. - Reducir la incertidumbre política de forma temprana
Alianzas, señales de continuidad del programa y resultados concretos que bajen la percepción de “riesgo de reversión”. Y recordar siempre: ya vimos cómo se da vuelta la gente de último minuto. - Intervenir de forma preventiva y transparente
No esperar a que la demanda minorista se dispare. Actuar apenas se detecta aceleración de cobertura institucional. Y explicar por qué se actúa. - Convertir la transparencia en arma
Publicar periódicamente los números relevantes (demanda de billetes, stock de cobertura, posición de futuros, reservas netas). Cuando todo está a la vista, el rival pierde la ventaja de la opacidad.
La conclusión del tablero
Este no es un juego que se gana improvisando en el medio del ataque. Se gana preparando las piezas mucho antes y mostrando el tablero completo a la sociedad.
El enemigo juega con miedo, cobertura, narrativa e intereses económicos concretos que se activan antes de cada elección. Nosotros jugamos con ancla fiscal, poder de fuego real, respaldo externo (que en 2025 fue decisivo gracias a Estados Unidos y Trump) y, sobre todo, con la decisión de hacer el juego transparente.
Cuando el patrón se conoce de antemano, cuando el poder de fuego es visible y cuando la incertidumbre política se reduce temprano, el ataque típico pierde fuerza. Deja de ser una amenaza existencial y se transforma en un movimiento previsible que se puede absorber… o directamente desarmar.
El partido ya lo conocemos.
La última vez nos salvó el respaldo externo.
Ahora se trata de jugarlo nosotros, con las piezas bien ubicadas, sin confiarse, y con las luces prendidas para que nadie caiga otra vez en el mismo juego. El partido ya empezó pero estamos a tiempo.