Perspectivas
Patagonia Argentina, la próxima gran apuesta de la IA mundial
Patagonia, la próxima gran apuesta de la IA mundial: cómo aprovechar la oportunidad sin poner en riesgo el agua
Chubut ya tiene su proyecto insignia con Atlas GigaHub en Trelew, pero la mirada de la industria global de datacenters sobre la Patagonia no se agota ahí. Río Negro y Neuquén también aparecen en el radar, y Santa Cruz y Tierra del Fuego reúnen condiciones similares. La región puede convertirse en una pieza real de la infraestructura mundial de inteligencia artificial — siempre que el agua, un recurso escaso y estratégico en buena parte de la Patagonia, quede protegida desde el diseño de cada proyecto y no como una corrección posterior.
Una oportunidad que excede a un solo proyecto
Cuando en julio de 2026 se confirmó que el megaproyecto Atlas GigaHub se construiría en Trelew, la noticia despejó una incógnita puntual: durante meses se había hablado de «un centro de datos en la Patagonia» sin precisar si sería en Chubut, Río Negro o Neuquén. Pero la pregunta de fondo —por qué el mundo mira a la Patagonia para alojar infraestructura de inteligencia artificial— no es exclusiva de Trelew ni se cierra con ese anuncio.
La propia cobertura del proyecto de Green Capital dejó un antecedente relevante: ya en 2025, OpenAI y Sur Energy —esta última liderada por Emiliano Kargieman— habían proyectado un centro de datos patagónico de hasta US$25.000 millones, sin que a la fecha se conozca su ubicación definitiva ni avances concretos. Eso confirma algo que conviene decir con claridad: la Patagonia como región —no un punto en el mapa— es la que está siendo evaluada por la industria global. Los mismos factores que atrajeron a Green Capital a Chubut (clima frío para refrigeración natural gran parte del año, vientos entre los mejores del mundo para generación eléctrica propia, baja densidad poblacional, disponibilidad de tierra, estabilidad institucional y el marco de incentivos del RIGI) se repiten, con variantes, en Río Negro, Neuquén, Santa Cruz y Tierra del Fuego.
Esto es una buena noticia si se administra bien: hoy Argentina tiene apenas una fracción de la capacidad de datacenters de Brasil o Chile, y un solo proyecto como Atlas GigaHub —en su etapa final de 3.000 MW— superaría la capacidad combinada actual de los tres países de la región. Si ese salto se replica en dos o tres provincias patagónicas más, el país podría pasar de ser un consumidor marginal de infraestructura digital a un actor relevante en el mapa mundial de la inteligencia artificial.
El punto de fricción: el agua no es un detalle técnico, es un límite físico
La contracara de esa oportunidad ya está documentada, y no conviene minimizarla. En el caso de Trelew, organizaciones ambientales como No a la Mina Esquel plantearon como principal preocupación la falta de información pública sobre cuánta agua necesitará el proyecto, de dónde se extraerá y qué pasará con ella después de usarla. Es una pregunta legítima y extrapolable a cualquier otro punto de la Patagonia donde se instale un datacenter de escala hyperscale, por una razón simple: buena parte de la región tiene cuencas hídricas limitadas, glaciares y napas que ya son objeto de disputa entre consumo humano, ganadería, fruticultura, vitivinicultura y turismo.
La experiencia internacional muestra qué pasa cuando esa pregunta se responde tarde. En Georgia y Arizona (Estados Unidos), y en Cerrillos (Chile), comunidades enteras terminaron compitiendo por agua con la industria de datacenters, con vecinos reportando problemas de presión y calidad en el suministro, y proyectos frenados por evaluaciones ambientales desfavorables después de haber avanzado sin condiciones claras. Un estudio académico de referencia sobre la huella hídrica de la inteligencia artificial calculó que la refrigeración evaporativa tradicional —el sistema más usado en esos casos— puede evaporar hasta 9 litros de agua por cada kilowatt-hora consumido. A la escala de un datacenter de cientos de megavatios, esa cifra deja de ser anecdótica.
La buena noticia es que ese no es el único camino disponible, y la propia Patagonia tiene ventajas naturales para evitarlo.
La tecnología ya permite crecer sin ser sediento
La industria de refrigeración de datacenters evolucionó rápido en los últimos años, y hoy existen alternativas que reducen drásticamente —o eliminan— el consumo de agua dulce:
- Refrigeración por aire, que aprovecha directamente el clima frío patagónico gran parte del año, sin evaporar agua, apoyada en la energía eólica que la región ya exporta como ventaja competitiva.
- Refrigeración líquida directa al chip (DLC), que reduce el consumo de agua en más de un 40% frente a los sistemas tradicionales y que Microsoft ya opera en España bajo un esquema de circuito cerrado sin consumo adicional de agua.
- Refrigeración por inmersión, que sumerge el hardware en líquido dieléctrico y ofrece la mayor eficiencia hídrica y energética del mercado.
- Agua de mar como disipador secundario en circuito cerrado, una opción que ya usa Google en al menos un centro de datos costero y que la extensa costa atlántica patagónica —de Chubut a Tierra del Fuego— podría aprovechar sin tocar las cuencas de agua dulce.
Combinadas, estas tecnologías permiten diseñar datacenters «agua-positivos» o de consumo prácticamente nulo de agua dulce, algo que compañías como Microsoft y Amazon Web Services ya se comprometieron a alcanzar en regiones con estrés hídrico. El punto central es que esto no depende de inventar tecnología nueva, sino de exigir, desde el momento en que se firma un memorándum de entendimiento, que el proyecto se comprometa a usarla.
Qué se puede pedir, provincia por provincia, mientras los proyectos todavía se diseñan
La ventana de oportunidad real está en la etapa en la que se encuentran hoy la mayoría de estas iniciativas: memorandos de entendimiento firmados, pero contratos de construcción definitivos y estudios de impacto ambiental todavía abiertos. Ahí es donde gobiernos provinciales, municipios, cámaras empresarias y organizaciones ambientales pueden incidir con pedidos concretos:
- Transparencia hídrica obligatoria desde el anuncio. Que ningún memorándum de entendimiento se presente públicamente sin especificar tecnología de refrigeración prevista, volumen estimado de agua, fuente de extracción y destino del agua utilizada.
- Compromisos «water positive» auditables, no declarativos: devolver a la cuenca más agua de la que se consume, mediante reciclaje de aguas residuales o financiamiento de infraestructura hídrica local, con métricas públicas y periódicas una vez que la planta esté operativa.
- Prioridad regulatoria para tecnologías de bajo o nulo consumo de agua dulce (aire, DLC de circuito cerrado, inmersión, agua de mar como disipador) por sobre la refrigeración evaporativa clásica, en cualquier provincia patagónica que reciba este tipo de inversión.
- Condicionar los beneficios del RIGI y sus regímenes provinciales equivalentes a la presentación de un plan hídrico verificable, del mismo modo en que San Juan avanzó con su «ley de proveedores» para ordenar el derrame de la minería: un marco replicable, pensado para datacenters, que ordene expectativas antes de que la obra arranque.
- Uso real de la instancia de audiencia pública ambiental, prevista en la legislación argentina para proyectos de esta envergadura, como el canal formal donde vecinos, productores agropecuarios y especialistas técnicos puedan pedir y discutir la información hídrica que hoy, en la mayoría de los casos, todavía no es pública.
- Mesas de trabajo intermunicipales y regionales, no limitadas a la localidad donde se instala el proyecto, para que el derrame económico —empleo, proveedores, formación técnica— llegue también a las comunidades vecinas, en lugar de concentrarse en un solo punto del mapa.
El diferencial que la Patagonia puede ofrecerle al mundo
Ninguno de estos pedidos es antagónico a la inversión; al contrario, es lo que puede convertir a la Patagonia en la primera región de Sudamérica con datacenters de escala hyperscale diseñados desde el origen para no competir por agua con la población ni con la producción agropecuaria y turística de la zona. Ese diferencial —bien documentado y bien comunicado— también juega a favor de la propia industria: los clientes internacionales de cómputo (grandes tecnológicas, fondos de infraestructura) son cada vez más sensibles a la huella hídrica de sus proveedores, y una región que puede demostrarlo con métricas públicas tiene una ventaja competitiva real frente a otros destinos que llegaron tarde a esa discusión.
La Patagonia todavía está a tiempo de escribir ese estándar. La condición es que la conversación sobre el agua ocurra ahora, mientras los proyectos —en Trelew y en cualquier otro punto de la región que reciba anuncios similares— todavía se están diseñando.
Fuentes y notas relacionadas de esta cobertura:
- Atlas GigaHub en Trelew: confirman que el megacentro de datos de IA se construirá en Trelew — elfinancierodigital.com
- Atlas GigaHub en Trelew: cómo este desarrollo suma a la región (Parte II) — elfinancierodigital.com
- Atlas GigaHub en Trelew: proyecto que puede ser modelo para el país — elfinancierodigital.com
- No a la Mina Esquel — postura sobre la falta de datos hídricos del proyecto en Chubut
- «Making AI Less Thirsty» (Li, Yang, Islam y Ren — UC Riverside / UT Arlington), estudio de referencia sobre huella hídrica de la IA
- IT Reseller / ITresit — refrigeración líquida de circuito cerrado de Microsoft en España