Perspectivas
Cómo paga ANSES las jubilaciones cada mes
De dónde sale el dinero y cuándo alcanza
Cada mes ANSES tiene que depositar el haber jubilatorio de 6,1 millones de personas. Para hacerlo necesita recaudar, y lo que recauda no alcanza solo con los aportes de los trabajadores. El sistema está estructuralmente deficitario en su componente contributivo, y se sostiene con impuestos generales, transferencias del Tesoro y, en situaciones de emergencia, con el FGS. Este es el mecanismo real de funcionamiento.
Las cuatro fuentes de ingreso de ANSES
ANSES no tiene una sola fuente de fondos. Tiene cuatro fuentes diferenciadas, y solo una de ellas son los aportes jubilatorios en sentido estricto.
Primera fuente: aportes y contribuciones previsionales Son los descuentos que se hacen sobre los salarios. El trabajador en relación de dependencia aporta el 11% de su sueldo bruto al SIPA (el sistema jubilatorio), y el empleador paga además una contribución patronal del 12,71% sobre el mismo salario. Los monotributistas y autónomos también hacen aportes fijos según su categoría. Esta es la fuente «pura» del sistema contributivo y es la más importante en monto: en el primer semestre de 2025 sumó $18,98 billones de pesos. Sin embargo, como se verá, no alcanza por sí sola para pagar las jubilaciones.
Segunda fuente: impuestos con asignación específica Una porción de varios impuestos nacionales está legalmente destinada a ANSES. Los más importantes son el 11% de lo recaudado por IVA, el 20% del Impuesto a las Ganancias y el impuesto a los débitos y créditos bancarios (el llamado impuesto al cheque) en su totalidad. También el 15% de la masa coparticipable. Estos recursos tributarios explican entre el 30% y el 35% de los ingresos totales del organismo y son imprescindibles para que el sistema cierre. En el primer semestre de 2025, el impuesto al cheque solo aportó $6,2 billones al resultado de ANSES.
Tercera fuente: rentas del FGS Los rendimientos de las inversiones del FGS se contabilizan como ingreso de ANSES. Cuando los bonos en cartera devengan intereses o las acciones pagan dividendos, esos recursos pueden utilizarse para el gasto corriente. En la práctica, históricamente esa renta se reinvirtió más que se consumió, pero existe como fuente formal.
Cuarta fuente: transferencias del Tesoro Nacional Cuando los ingresos propios no alcanzan para cubrir los gastos, el Tesoro gira fondos a ANSES. Esta es la fuente que mide el verdadero grado de dependencia del sistema previsional respecto del financiamiento general del Estado. En 2025, según datos de la Subsecretaría de Seguridad Social, el 79,4% de los recursos del sistema provino de fuentes «propias» (aportes, contribuciones e impuestos afectados) y el 20,6% restante fue cubierto con giros del Tesoro. Dicho de otro modo: uno de cada cinco pesos que cobra un jubilado no viene de lo que él o sus empleadores aportaron, sino de la recaudación general del Estado.
Por qué los aportes solos no alcanzan
El sistema previsional argentino tiene un problema estructural que ningún gobierno ha resuelto: la recaudación de aportes y contribuciones es insuficiente para pagar todas las jubilaciones. La Oficina de Presupuesto del Congreso calculó que para que el sistema fuera autofinanciable habría que subir la tasa de cotización del actual 18,2% de los salarios al 31,7%. Eso es políticamente inviable porque implicaría casi duplicar lo que se descuenta de cada sueldo.
Las razones de ese déficit estructural son varias. La informalidad laboral es la más importante: si el 42% de los trabajadores no tiene empleo registrado (dato del INDEC para el primer trimestre de 2025, con casi 6 de cada 10 jóvenes menores de 29 años en esa situación), aportan muy poco o nada al sistema pero igualmente acceden a prestaciones. Las moratorias previsionales que permitieron jubilarse a personas sin los 30 años de aportes requeridos ampliaron la base de beneficiarios sin ampliar proporcionalmente la base de aportantes. La baja natalidad agrava el problema a futuro: según proyecciones de Naciones Unidas, la tasa de fecundidad en Argentina cayó de 2,9 hijos por mujer en 1990 a 1,3 en 2023, lo que anticipa menos trabajadores activos por cada jubilado.
En el primer semestre de 2025, el resultado concreto fue que los aportes y contribuciones sumaron $18,98 billones pero el pago de jubilaciones y pensiones demandó $24,03 billones. La brecha de $5,05 billones se cubrió con el impuesto al cheque, parte del IVA, Ganancias y otras fuentes tributarias. Sin esos impuestos, el déficit hubiera sido de aproximadamente $5,8 billones.
El superávit de ANSES: real pero cuestionado
En 2024, ANSES cerró con un superávit histórico de $4,05 billones. En el primer semestre de 2025, ese superávit se redujo drásticamente a $391.571 millones. Para 2026, el balance financiero del organismo muestra un progresivo deterioro.
Ese superávit existe, pero hay que entender cómo se generó. El principal mecanismo fue la pérdida de poder adquisitivo real de las jubilaciones: cuando los haberes se actualizan por debajo de la inflación, el gasto en pesos sube menos que los ingresos y el resultado mejora contablemente. En los últimos 13 años, la jubilación promedio cayó aproximadamente un 34% en términos reales. Esa licuación es la que explica en buena parte los superávits recientes. No es que el sistema se volvió más eficiente: es que paga menos en términos reales.
Además, el superávit de 2024 fue engrosado por el Impuesto PAÍS, que aportó casi $3,7 billones al resultado de ANSES pero fue eliminado en septiembre de 2024. Sin esa fuente, el resultado de 2025 se deterioró significativamente.
Un análisis más profundo añade otra capa de complejidad. Cuando el Gobierno muestra superávit financiero del sector público, no está contabilizando los intereses capitalizados de las Letras del Tesoro (LECAP y BONCAP). Solo esas capitalizaciones sumaron $30,04 billones en 2025, más del doble de lo que transfirió el BCRA al Tesoro. Si se los incluye, el déficit financiero real del sector público es del 1% del PBI, según estimaciones de economistas de la UBA.
La nueva presión: la reforma laboral de 2026
La reforma laboral aprobada en 2026 introduce una reducción de las contribuciones patronales para incentivar la formalización del empleo. Si bien el objetivo declarado es bajar la informalidad, el efecto inmediato es una reducción de ingresos para ANSES.
Estimaciones técnicas indican que esa «resignación de ingresos» podría alcanzar el 1,27% del PBI para fines de 2026. El Estado debería compensar esa brecha con transferencias del Tesoro, lo que aumentaría la dependencia del financiamiento general. En 2025, esa dependencia ya era del 20,6%. Con la reforma laboral, ese porcentaje podría crecer. Si el blanqueo del empleo informal no compensa la baja de alícuotas con mayor cantidad de aportantes formales, el sistema previsional dependerá cada vez más de impuestos generales y cada vez menos del trabajo genuino.
Cuándo entra el FGS: el mecanismo de emergencia
El FGS puede intervenir para financiar el pago de jubilaciones, pero solo en situaciones específicas. El decreto de creación del fondo (897/07) establece que puede «financiar a ANSES para el pago de los beneficios del SIPA siempre que durante la ejecución de su presupuesto se presentaren situaciones de contingencia que así lo requieran.»
La Ley de Reparación Histórica de 2016 amplió esa posibilidad: el pago de los beneficios del programa podría atenderse con lo producido del FGS, y en caso de resultar insuficiente, podría disponerse la venta de activos, informando a la Comisión Bicameral del Congreso.
En la práctica, el FGS nunca fue liquidado masivamente para pagar jubilaciones, pero hubo momentos en que se lo utilizó de manera parcial o se discutió seriamente hacerlo. En 2018 y 2019, cuando el sistema acumuló déficits previsionales importantes durante el gobierno de Macri, fuentes de ANSES no descartaban empezar a usar «el realizado» del fondo (es decir, los rendimientos) para cerrar la brecha. En 2020, durante la pandemia, el déficit del sistema cayó a niveles mínimos de autofinanciamiento del 55% de los gastos, lo que aumentó enormemente la presión sobre las transferencias del Tesoro.
Lo que sí ocurrió en varios momentos es que el Gobierno utilizó los rendimientos del FGS como activo contable para mejorar el resultado fiscal, aunque sin que el dinero efectivamente ingresara a las cuentas de ANSES en efectivo. Era una operación de papel que servía para mostrar números más prolijos.
Por qué el FGS no es la solución al déficit previsional
Hay una idea muy difundida que dice que el FGS es el «colchón» que garantiza las jubilaciones. Es parcialmente cierto pero requiere una aclaración fundamental: el FGS no puede usarse masivamente para pagar jubilaciones de manera sostenida sin agotarse rápidamente.
Hagamos el cálculo. En el primer semestre de 2025, ANSES gastó $24,03 billones solo en jubilaciones y pensiones, es decir aproximadamente $4 billones por mes. Al tipo de cambio oficial de ese período, eso equivalía a unos USD 3.000 millones mensuales. El FGS tiene USD 295 millones en efectivo disponible. Con ese cash, alcanzaría para cubrir tres días de jubilaciones.
Si se vendieran activos para cubrir el gasto, la situación mejora en el muy corto plazo pero a un costo brutal: vender bonos o acciones en el mercado implica presionar los precios a la baja, deteriorar el valor del fondo restante y, en el caso de los bonos soberanos, aumentar la percepción de riesgo del propio Estado argentino. Es una espiral autodestructiva.
La dependencia real del sistema es esta: mientras haya trabajadores formales aportando, impuestos suficientes asignados al sistema y un Tesoro con capacidad de girar fondos de compensación, las jubilaciones se pagan. El FGS funciona como señal de solidez y como reserva marginal, no como fuente principal de financiamiento.
El resumen del ciclo mensual
Cada mes, el proceso de financiamiento de ANSES funciona de la siguiente manera. Los aportes y contribuciones que cobra AFIP de empleados y empleadores durante el mes anterior se transfieren a ANSES. A eso se suma la porción de IVA, Ganancias e impuesto al cheque que le corresponde al organismo según la ley de coparticipación y asignaciones específicas. Si los ingresos totales superan los gastos (jubilaciones, AUH, asignaciones familiares, pensiones no contributivas), hay superávit. Si no alcanzan, el Tesoro gira la diferencia.
En 2025, la cobertura fue del 79,4% con recursos propios y del 20,6% con el Tesoro. En 2024 había sido del 87%. La tendencia es de mayor dependencia del financiamiento general del Estado, no de menor.
El FGS está ahí, con sus USD 69.000 millones mayoritariamente en bonos. Pero esos bonos no se pueden transformar en jubilaciones de un mes para el otro sin consecuencias graves. Son un respaldo de largo plazo que solo puede activarse de manera limitada y en situaciones de verdadera emergencia estructural, no para cubrir el déficit mensual corriente.
Lo que viene
La reforma laboral de 2026, la eliminación de las moratorias previsionales en marzo de 2025 y el envejecimiento demográfico proyectan un escenario de mayor presión sobre el sistema. Cada punto porcentual de informalidad que no se corrija es dinero que no entra a ANSES. Cada jubilado que se incorpora sin aportes suficientes es un gasto que alguien más tiene que cubrir.
El sistema previsional argentino no tiene un problema de gestión del FGS: tiene un problema de base económica. Mientras el 42% de la fuerza laboral esté en negro y la economía no genere empleo formal de manera sostenida, ningún fondo soberano, por grande que sea su valuación de mercado, va a resolver el financiamiento de las jubilaciones en el largo plazo.