Mercados

Del gas a la inteligencia artificial: la cadena de valor que podría redefinir la economía argentina

Published

on

Cómo Vaca Muerta, el agua pesada, los reactores modulares y los data centers de IA forman un círculo virtuoso que nadie está terminando de conectar

Convergencia.tech & elfinancierodigital.com — Junio 2026


La pregunta que cambia todo

Argentina lleva décadas discutiendo cuánto gas y petróleo puede exportar. La pregunta tradicional, legítima y urgente, domina los titulares de la economía energética: cuántos barriles por día, a qué precio, por qué gasoducto, con qué socios.

Pero hay otra pregunta, más incómoda y más interesante, que apenas empieza a circular en los despachos técnicos y en los foros de política industrial: ¿qué pasaría si en lugar de exportar solo moléculas, el país exportara inteligencia computacional?

No es ciencia ficción. Es una cadena de valor que ya tiene sus primeros eslabones en movimiento. Vaca Muerta produce gas. Ese gas puede convertirse en agua pesada, insumo estratégico de reactores nucleares. Esos reactores pueden generar electricidad firme, constante y de bajo costo. Esa electricidad puede alimentar centros de datos de inteligencia artificial. Y esos centros de datos pueden exportar servicios digitales al mundo entero.

Cada paso existe. El desafío es conectarlos antes de que otro país lo haga.


Eslabón 1: Vaca Muerta, el punto de partida

La formación no convencional de la Cuenca Neuquina dejó de ser una promesa hace tiempo. Es ya una realidad macroeconómica de primera magnitud.

Argentina cerró 2025 con un superávit energético de USD 7.815 millones, el mayor registrado desde que existen datos según el INDEC. Las exportaciones de combustibles y energía alcanzaron USD 11.086 millones, un crecimiento interanual del 12,8%. El sector energético explicó siete de cada diez dólares del saldo comercial total del país.

La proyección es de crecimiento sostenido. El CEO de YPF, Horacio Marín, estimó en agosto de 2025 que las exportaciones de petróleo podrían alcanzar los USD 350.000 millones entre 2030 y 2050, condicionadas a inversiones de alrededor de USD 220.000 millones en infraestructura y extracción. Neuquén ya concentra el 65,5% de la producción de petróleo y el 72% del gas del país, con el 89% del gas proveniente de yacimientos no convencionales.

La Bolsa de Comercio de Rosario proyecta que 2026 será el segundo año más alto en producción gasífera de las últimas dos décadas, impulsado nuevamente por la Cuenca Neuquina. El gas natural sumará un crecimiento del 6,1% interanual, alcanzando un promedio de 99,3 millones de metros cúbicos diarios.

El cuello de botella es el transporte, no la producción. El oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), con una inversión privada de USD 1.700 millones, entrará en operación en julio de 2026 con capacidad inicial de 180.000 barriles diarios y alcanzará 550.000 barriles diarios en 2027. En paralelo, la ampliación del Gasoducto Perito Moreno, adjudicada a TGS con una inversión estimada de USD 700 millones, llevará la capacidad del sistema de 21 a 35 millones de metros cúbicos por día.

Inversión comprometida en este eslabón: más de USD 22.000 millones proyectados para sostener el crecimiento exportador. Retorno estimado: superávit energético de USD 9.000 millones en 2026, con perspectiva de escala hacia USD 12.000 millones en escenarios optimistas.

La pregunta es qué hacer con ese excedente de gas más allá de la exportación directa de moléculas.


Eslabón 2: El activo olvidado de Arroyito

A 1.200 kilómetros al sur de Buenos Aires, en la localidad neuquina de Arroyito, existe una instalación industrial única en el hemisferio sur que lleva años costando dinero sin producir nada.

La Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) fue inaugurada en 1993 por el presidente Carlos Menem, construida con una inversión cercana a los USD 1.000 millones y considerada desde entonces la planta de mayor capacidad de producción de agua pesada del mundo. Su diseño es para 200 toneladas anuales, distribuidas en dos líneas de 100 toneladas cada una. Cuando operó a pleno, en la segunda mitad de los años noventa, fue uno de los establecimientos industriales más sofisticados de América Latina.

Desde 2017, está detenida. Y según la CNEA, cuesta actualmente alrededor de USD 12 millones anuales solo para mantener la planta sin producir.

¿Qué es el agua pesada y por qué importa?

El agua pesada (óxido de deuterio, D₂O) es un insumo estratégico que parece agua común pero tiene propiedades físicas radicalmente distintas. Es indispensable como moderador y refrigerante en reactores nucleares de tecnología CANDU, usados en países como Canadá, India, China, Rumanía y Corea del Sur, además de las tres centrales nucleares argentinas (Atucha I, Atucha II y Embalse).

Su precio es el reflejo de su escasez: un litro puede costar 700 dólares o más. El mercado global del agua pesada fue valuado en aproximadamente USD 60.480 millones en 2024 y se proyecta que alcanzará USD 114.630 millones en 2033, creciendo a una tasa anual del 8%. Los principales productores actuales son Canadá (a través de Ontario Power Generation) e India (Heavy Water Board), con presencia menor de Rumanía y otros países con reactores CANDU.

Argentina, que fue uno de los pocos países del mundo con capacidad de producción industrial a escala, quedó fuera de ese mercado en 2017.

El nuevo capítulo: inversión privada y acuerdo con Canadá

A lo largo de 2025 y 2026, la PIAP pasó de ser un lastre presupuestario a convertirse en un activo codiciado.

En mayo de 2025, la CNEA y la empresa canadiense Candu Energy (parte del grupo Atkins Realis) firmaron un memorando de entendimiento para reactivar la planta. Candu Energy se comprometió a conseguir el financiamiento necesario a cambio de recibir producción futura de agua pesada, anticipando una demanda creciente si se concretan nuevos reactores tipo CANDU en Canadá y otros países.

En paralelo, el gigante químico alemán Linde también se acercó a la CNEA durante 2025 ofreciendo financiamiento para reactivar la PIAP a cambio de comprar la producción completa durante al menos cinco años.

El episodio más reciente, y el más concreto hasta ahora, se produjo el 19 de mayo de 2026: las firmas argentinas Saesa y Spark Energy Solutions presentaron ante la CNEA una iniciativa privada formal para reactivar la planta, con una inversión superior a los USD 120 millones y un plazo de ejecución estimado en 36 meses. El plan apunta a monetizar el gas de Vaca Muerta —el principal insumo en la estructura de costos de la producción de agua pesada— y exportar D₂O a los mercados nuclear, médico y tecnológico globales.

«Con su reactivación, Argentina entra al Top 5 de productores mundiales de agua pesada. Hoy le cuesta al país más de 12 millones de dólares al año sin producir nada. Nuestra propuesta convierte ese pasivo en un activo exportador de primer nivel», declaró Juan Bosch, presidente de Saesa.

La CNEA, por su parte, lanzó en enero de 2026 un proceso licitatorio abierto para encontrar un concesionario que invierta en el revamping de la planta. Las condiciones prevén que el ganador deberá asumir todos los costos operativos y pagar a la CNEA un canon de alrededor de USD 8 millones por año. Según fuentes del sector con conocimiento directo de la operación, ese canon representaría un beneficio neto de aproximadamente USD 20 millones anuales para la institución, ya que dejaría de gastar los USD 12 millones actuales de mantenimiento y pasaría a percibir los USD 8 millones adicionales.

Inversión requerida en este eslabón: USD 120 millones (iniciativa Saesa/Spark). Capacidad de producción a plena escala: 160-200 toneladas anuales de agua pesada. Retorno potencial: a USD 700 el litro, 160 toneladas representarían ingresos brutos de exportación del orden de los USD 112 millones anuales solo para este producto, en un mercado que crece al 8% anual y donde la oferta global es estructuralmente escasa.


Eslabón 3: Los reactores, la tecnología que ya existe

La reactivación del agua pesada no tiene sentido en el vacío. Su lógica más profunda es servir como puente hacia la siguiente capa de valor: la generación nuclear.

Argentina posee un capital tecnológico en materia nuclear que pocos países de ingreso medio pueden exhibir. La CNEA lleva más de siete décadas de desarrollo continuo. INVAP, la empresa rionegrina de tecnología de punta, ha exportado reactores de investigación a Egipto, Argelia, Australia y otros países. Y desde 2014, el país desarrolla su propio reactor modular de pequeña escala: el CAREM.

El CAREM: la deuda pendiente

El CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares) es un pequeño reactor modular (SMR) de diseño íntegramente argentino, con seguridad pasiva y arquitectura integrada. El prototipo, en construcción cerca de Zárate sobre el predio de Atucha, tiene una potencia de 32 MW eléctricos —suficiente para abastecer a unos 120.000 habitantes— y fue concebido como base para versiones comerciales de hasta 120 MW por módulo.

Cuando la gestión Milei llegó al poder en diciembre de 2023, el CAREM registraba un avance cercano al 64% y acumulaba más de USD 600 millones invertidos. La obra fue detenida. Según el gobierno, la decisión respondió a una revisión de prioridades presupuestarias; críticos del sector señalan que se abandonó un proyecto estratégico a pocos pasos de la línea de llegada.

En marzo de 2025, el presidente del consejo de asesores de Milei anunció un giro: Argentina instalaría cuatro reactores ACR-300 en el sitio de Atucha, un diseño desarrollado por INVAP con una capacidad combinada de 1.200 MWe y la meta de tener la primera unidad operativa en 2030.

En junio de 2026, Argentina y Estados Unidos impulsaron en Buenos Aires una agenda regional para reactores modulares, con participación del OIEA y representantes de nueve países latinoamericanos. El secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, y el presidente de la CNEA, Martín Porro, encabezaron la delegación argentina. La reunión dejó en evidencia la tensión del momento: el país participa activamente en la agenda global de SMR, pero su propio reactor modular sigue paralizado.

El nuevo mapa: SMR para industria digital

Aquí aparece la conexión más novedosa del circuito.

Los grandes actores tecnológicos globales llevan años buscando fuentes de energía firme, limpia y predecible para alimentar sus centros de datos. Microsoft firmó un acuerdo para reactivar la planta de Three Mile Island en Pennsylvania. Google invirtió en startups de SMR. Amazon Web Services cerró contratos con compañías de energía nuclear.

La lógica es simple: un data center de IA de gran escala consume electricidad de manera constante, las 24 horas del día, los 365 días del año. Las energías renovables como el viento y el solar tienen intermitencia. El gas requiere emisiones. La nuclear, especialmente en formato modular, ofrece energía de base continua, de bajo costo marginal y con huella de carbono mínima.

Un campus de cuatro reactores ACR-300 con 1.200 MW de capacidad no solo abasteciéndola a la red eléctrica general, sino potencialmente dedicado en parte a alimentar infraestructura de cómputo intensivo, cambiaría completamente la ecuación de lo que Argentina puede ofrecer al mercado global de IA.

Inversión requerida en este eslabón: el costo estimado de los SMR tipo CAREM ronda los USD 4.000 por kW de capacidad instalada. Para 1.200 MW, eso implica una inversión del orden de los USD 4.800 millones, aunque los modelos comerciales de largo plazo con contratos de offtake pueden alterar significativamente la estructura financiera. Plazo: primera unidad potencialmente operativa en 2030 según los anuncios del gobierno.


Eslabón 4: Stargate Argentina y el negocio de los data centers

Mientras el debate nuclear sigue en la arena política, el mercado ya tomó decisiones.

En octubre de 2025, OpenAI y Sur Energy —una empresa creada por los argentinos Emiliano Kargieman (cofundador de Satellogic) y el fallecido Matías Travizano— anunciaron desde Casa Rosada la construcción de Stargate Argentina, un mega data center de IA en la Patagonia. La inversión estimada llega a USD 25.000 millones, lo que lo convierte en el proyecto de infraestructura privada más grande de la historia del país.

A plena escala, el nodo tendría 500 megavatios de capacidad computacional, más del triple de toda la demanda actual de la región patagónica. La primera fase arrancaría con unos 100 MW y escalaría progresivamente en dos o tres años. Sur Energy aportaría la infraestructura energética y de construcción, mientras OpenAI actuaría como offtaker —comprador garantizado de la capacidad computacional generada.

El proyecto se inscribirá en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que otorga beneficios impositivos y aduaneros a grandes proyectos.

¿Por qué la Patagonia? Tres razones concretas: cercanía a Vaca Muerta para acceso a energía; clima fresco ideal para la refrigeración de servidores, que es uno de los mayores costos operativos de un data center; y disponibilidad de fuentes renovables, especialmente eólicas, que abundan en la región.

La escala del negocio

El dato de contexto es revelador: CABASE presentó en mayo de 2026 un relevamiento de la infraestructura de centros de datos del país. El resultado muestra 13 centros de datos con apenas 32 MW instalados en total —contra la tendencia internacional donde los grandes operadores avanzan hacia campus de 1.000 a 2.000 MW.

El potencial de crecimiento es desproporcionado. La demanda de electricidad de los centros de datos a nivel global crecerá un 300% hacia 2035, según análisis del sector. Goldman Sachs anticipa un aumento del 165% solo para la demanda asociada a IA de aquí a 2030.

Los productos vinculados a la IA —semiconductores, servidores y equipos de telecomunicaciones— representaron el 42% del crecimiento total del comercio mundial de bienes durante el primer semestre de 2025, según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores argentino, aunque constituyen menos del 10% del total de mercancías globales. La IA, en 2026, ya es el motor principal del intercambio económico internacional.

Inversión comprometida en este eslabón: USD 25.000 millones totales (Stargate Argentina), con una primera etapa de entre USD 7.000 y USD 10.000 millones. Empleo durante la construcción: entre 2.500 y 3.000 personas en fase operativa, más una demanda masiva de ingeniería civil, eléctrica y logística durante la construcción. Advertencia que hay que nombrar: los data centers son instalaciones altamente automatizadas. La fase operativa emplea pocas personas directas. El verdadero multiplicador de empleo y valor está en el ecosistema que se genera alrededor: startups, servicios, formación técnica, proveedores especializados.


La cadena completa: inversiones, plazos y retornos

Eslabón Inversión requerida Plazo estimado Retorno potencial
Vaca Muerta (infraestructura de transporte) USD 22.000 M (proyectado) 2026-2030 Superávit energético USD 9.000-12.000 M/año
PIAP — Agua pesada USD 120 M 36 meses USD 112+ M/año en exportaciones
Reactores modulares (ACR-300 x4) ~USD 4.800 M 2026-2030 1.200 MW de energía de base
Stargate Argentina — Data centers IA USD 25.000 M 2026-2030 Exportación de servicios digitales a escala global

La suma de estas cuatro capas representa un vector de transformación económica sin precedente en la historia argentina reciente. No hay otro país de la región con todos estos activos simultáneamente disponibles: hidrocarburo no convencional, planta de agua pesada, tecnología nuclear propia y un acuerdo con la principal empresa de IA del planeta.


Lo que falta: los riesgos que nadie quiere nombrar

Sería deshonesto presentar este circuito como un camino sin obstáculos.

El CAREM sigue detenido. Llegó al 64% de avance con más de USD 600 millones invertidos y fue paralizado por decisión política. La apuesta oficial ahora es el ACR-300 de INVAP, que tiene patente internacional pero no tiene prototipo construido. El salto de diseño a primera unidad operativa en 2030 es ambicioso.

Stargate Argentina es una carta de intención, no un contrato de obra. Entre la firma y la primera pala en tierra hay aprobaciones ambientales, negociaciones provinciales y la propia decisión final de inversión de OpenAI. El riesgo de que el proyecto quede como promesa es real y ha sido señalado por analistas del sector.

El riesgo del enclave. Si los data centers se estructuran como economías de enclave —capital completamente extranjero, equipos importados, exenciones fiscales plenas, repatriación de ganancias sin transferencia tecnológica— el beneficio neto para Argentina se limita a algunos puestos de trabajo calificados y al canon energético. La capacidad del país para negociar condiciones que maximicen el valor local será determinante.

La PIAP tiene historia de promesas incumplidas. Fue paralizada en 2017 luego de varios intentos fallidos de reactivación desde 2013. La iniciativa privada actual es la más concreta en años, pero el proceso licitatorio sigue abierto y los plazos de 36 meses son optimistas para una planta que lleva casi una década sin operar.

La infraestructura eléctrica argentina es insuficiente. La red existente, con cortes frecuentes y baja capacidad de transporte en zonas alejadas, es incompatible con las exigencias de un data center de 100 o 500 MW que necesita disponibilidad del 99,999%. Invertir en la cadena sin resolver la red sería construir sobre arena.


El cambio de paradigma: de exportar moléculas a exportar inteligencia

La economía digital cambió la unidad de valor. Durante décadas, el activo estratégico era el barril de petróleo. En la próxima economía, la unidad de cuenta es el token de cómputo.

Un megavatio conectado a un data center de IA no genera solo kilovatios-hora. Genera capacidad de entrenamiento de modelos, inferencia, simulación científica, procesamiento financiero y servicios globales en tiempo real. La energía no desaparece: se convierte en inteligencia exportable.

Los países que logren hacer esa conversión —transformar recursos naturales en infraestructura computacional— podrían capturar una fracción desproporcionada del crecimiento de la economía digital global. Las proyecciones de inversión en IA a nivel mundial para la próxima década hablan de billones de dólares, no de miles de millones.

Argentina tiene, simultáneamente, los recursos naturales, la capacidad tecnológica y el primer acuerdo de inversión para intentar ese salto. La pregunta que queda abierta no es técnica ni económica: es de voluntad política, capacidad institucional y velocidad de ejecución.

Porque en esta carrera, quizás el recurso más escaso ya no sea el gas.

Quizás sea el tiempo.


Fuentes

 

SEGUNDA PARTE DE QUE INGRESO ESTAMOS HABLANDO PARA ARGENTINA

 

Los números concretos, eslabón por eslabón

Acá va el cuadro completo con las cifras más sólidas que pude verificar, y los plazos realistas:


Contexto de base: dónde está Argentina hoy

En 2025, la suma de exportaciones de bienes y servicios escaló hasta los USD 105.200 millones, un máximo histórico. El sector de servicios registró USD 18.000 millones. Y dentro de eso, las exportaciones de servicios basados en la Economía del Conocimiento alcanzaron los USD 9.600 millones en 2025, un crecimiento del 8,1% interanual, consolidándose como el tercer complejo exportador del país. ArgentinaArgentina.gob.ar

Es decir: el punto de partida de la «capa digital» argentina hoy es USD 9.600 millones anuales. Todo lo que sigue va por encima de esa base.


Eslabón 1 — Vaca Muerta (ya en marcha)

¿Cuánto genera? Argentina cerró 2025 con un superávit energético de USD 7.815 millones, con exportaciones de combustibles y energía de USD 11.086 millones. Infobae

¿Para cuándo escala? El CEO de YPF, Horacio Marín, proyectó que las exportaciones de petróleo podrían alcanzar los USD 350.000 millones acumulados entre 2030 y 2050, condicionadas a inversiones de alrededor de USD 220.000 millones. En el corto plazo, el superávit energético rondaría los USD 9.000 millones en 2026, impulsado por un fuerte salto exportador, según la consultora Economía & Energía. diariodecuyoLenergygroup

Síntesis: este eslabón ya produce. El crecimiento es lineal y predecible. Aporta el gas barato que hace viable todo lo demás.


Eslabón 2 — Agua pesada (2027-2029 si la iniciativa privada avanza)

¿Cuánto puede generar? Con 160 toneladas anuales de producción (capacidad real de una línea) y un precio de mercado de USD 700 el litro, el ingreso bruto de exportación ronda los USD 112 millones anuales solo por este producto. El mercado global crece al 8% anual y la oferta es estructuralmente escasa. Con la reactivación, Argentina entraría al Top 5 de productores mundiales, según Juan Bosch, presidente de Saesa. iProfesional

¿Para cuándo? El plazo de ejecución de la iniciativa privada de Saesa y Spark se estima en 36 meses, lo que ubica la primera producción en 2029 si el proceso licitatorio se resuelve en 2026. No es una cifra enorme en términos macroeconómicos, pero es un activo estratégico de alto valor agregado que hoy no existe. GlobalPorts


Eslabón 3 — Reactores modulares (2030 en adelante, con incertidumbre)

Este es el eslabón más incierto. En marzo de 2025, el gobierno anunció la instalación de cuatro reactores ACR-300 de INVAP con capacidad combinada de 1.200 MWe y la meta de tener la primera unidad operativa en 2030. World Nuclear Association

En términos de ingreso directo, la generación nuclear no exporta electricidad en sí misma —la consume la infraestructura local. Su valor está en habilitar los eslabones siguientes: energía de base, firme, continua y barata para alimentar data centers sin depender de la intermitencia renovable. Un campus de 1.200 MW nucleares dedicado a cómputo es lo que hace posible la escala siguiente.


Eslabón 4 — Data centers de IA: el número que cambia todo

Acá está la cifra que más impacta, y viene de la propia fuente del proyecto.

Kargieman, cofundador de Sur Energy, lo explicó sin rodeos: «La manera en que un data center de este estilo contribuye al país es generando una línea de exportación de servicios de cómputo. El data center cuesta USD 25.000 millones. Hay que amortizarlo en veinte años. Quiere decir que en ese plazo vas a tener que generar servicios de exportación de cómputo por un monto superior a esos 25.000 millones de dólares. Son servicios de exportación de miles de millones de dólares al año.» LA NACION

Un análisis independiente lo cuantifica: si el proyecto factura, como estiman las proyecciones base, unos USD 18.000 millones al año, el ingreso neto para el país —después de energía, salarios y reinversión local— podría rondar entre USD 6.000 y 8.000 millones anuales. Mi blog personal

¿Para cuándo? El objetivo declarado es comenzar la construcción en 2026 con la idea de tenerlo operativo a principios de 2027 y empezar a escalar hasta su capacidad máxima. La primera etapa es de 100 MW; la plena escala de 500 MW llevaría dos o tres años más. Pulitzer Center


El cuadro integrado: qué podría sumar la cadena completa

Eslabón Ingreso anual proyectado Cuándo
Vaca Muerta (energía, base actual) USD 9.000–12.000 M/año (superávit) Ya hoy, creciendo
Agua pesada (PIAP reactivada) USD 112 M/año 2029 (si el proceso avanza en 2026)
Reactores modulares (habilitador) Habilita los eslabones siguientes 2030+
Stargate Argentina fase 1 (100 MW) USD 1.500–2.500 M/año est. 2027-2028
Stargate Argentina escala plena (500 MW) USD 8.000–18.000 M/año est. 2030-2032
Economía del conocimiento (base actual) USD 9.600 M/año (2025) Creciendo al 8% anual

La dimensión del cambio

Para ponerlo en perspectiva: la economía del conocimiento apunta a generar USD 30.000 millones en exportaciones en los próximos años, según proyecciones del sector. Si Stargate Argentina opera a plena escala, esa vertical de cómputo sola casi iguala o supera todo lo que hoy exporta el conocimiento argentino junto. La Política Online

Y hay un dato de contexto global que explica por qué la apuesta tiene sentido: para lograr una rentabilidad del 10% sobre la inversión global prevista en data centers hasta 2030, el sector necesitaría USD 650.000 millones en ingresos anuales recurrentes. Entre 2026 y 2030 se necesitarán 122 GW de nueva capacidad de centros de datos. Argentina no tiene que capturar un mercado —solo tiene que capturar una fracción ínfima de uno que ya existe y crece a tasas del 33% anual. Renta 4


La advertencia que no se puede omitir

El cómputo es imprescindible, pero se queda con una porción menor de la torta. Si Argentina se limita a ser proveedora de «electricidad digital» habrá dado un paso, pero seguirá condenada al eslabón de menor margen, como ya le ocurrió con otros recursos naturales. La infraestructura puede atraer inversiones y aportar divisas, pero solo se vuelve palanca de desarrollo cuando empuja hacia arriba el resto de la cadena. El Economista

El riesgo del enclave es real. La diferencia entre exportar cómputo crudo y desarrollar servicios de IA propios es la misma que entre exportar soja y exportar alimentos procesados. La infraestructura es condición necesaria. No es suficiente.


Conclusión en un número: si los cuatro eslabones se conectan y ejecutan en los plazos declarados, hacia 2032 Argentina podría estar generando entre USD 20.000 y 30.000 millones anuales adicionales en exportaciones digitales y energéticas de nueva generación —sobre una base exportadora total que hoy ya alcanzó los USD 105.000 millones. No es inevitable. Tampoco es imposible.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Trending

Copyright © 2026 Idea & Desarrollo Claudio R. Parrinello. las notas son realizadas por Claudio R. Parrinello en su totalidad, no existe ninguna otra persona que represente este portal salvo Claudio R. Parrinello. Los contenidos presentados en este portal son exclusivamente informativos y no deben interpretarse como una recomendación de inversión ni de uso de las herramientas mencionadas. elfinancierodigital.com no asume responsabilidad por los resultados derivados de su utilización y/o aplicación y recomienda a los lectores realizar su propia investigación antes de tomar decisiones financieras.