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El banco invisible: cómo el BIS, el swap de Trump y el swap chino explican la ingeniería financiera del BCRA

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ANÁLISIS ECONÓMICO · RESERVAS · DEUDA · MAYO 2026

 

En los últimos ocho meses, Argentina usó tres herramientas de financiamiento que casi nadie ve en los titulares: el Banco de Pagos Internacionales de Basilea, el swap con el Tesoro de Estados Unidos y la línea con el Banco Popular de China. Este es el mapa completo de quién le prestó qué a quién, cuándo y para qué. Y qué tiene que ver todo eso con el desembolso de USD 1.000 millones que el FMI aprobó hace dos días.

Por la redacción de Análisis Económico · Buenos Aires, 24 de mayo de 2026

Primero, lo básico: ¿qué es el BIS y por qué casi nadie lo conoce?

El Banco de Pagos Internacionales —BIS por sus siglas en inglés, o BPI en castellano— tiene sede en Basilea, Suiza, y fue fundado en 1930. Es propiedad de los bancos centrales del mundo, entre ellos el BCRA argentino. Su misión es simple de enunciar y compleja de comprender: es el banco de los bancos centrales.

No presta a gobiernos. No presta a empresas. No acepta depósitos de ciudadanos. Sus clientes son exclusivamente los bancos centrales de los 63 países miembros. En situaciones de tensión de liquidez, el BIS puede otorgar créditos de muy corto plazo a esos bancos centrales, funcionando como un prestamista de última instancia institucional, discreto y sin condicionamientos políticos.

«El BIS ofrece préstamos a corto plazo a los bancos centrales para ayudarles a enfrentar desafíos temporales de liquidez.» — Descripción oficial de sus funciones.

Esa discreción es parte de su diseño. No tiene un comunicado de prensa cada vez que asiste a un banco central. No tiene condicionalidades como el FMI. No tiene geopolítica como un swap bilateral con Washington o Beijing. Es, en el vocabulario técnico de la banca central, una herramienta de liquidez de emergencia limpia. Por eso cuando aparece en los balances del BCRA, como apareció en diciembre pasado, los analistas que saben leer esos números encienden una luz de alerta.

La operación de diciembre: cómo el BCRA pagó una deuda con otra deuda

Para entender qué pasó, hay que retroceder a octubre de 2025. Antes de las elecciones legislativas del 26 de octubre, el BCRA activó USD 2.500 millones del swap acordado con el Tesoro de Estados Unidos —una línea de hasta USD 20.000 millones anunciada por Scott Bessent. El objetivo declarado fue estabilizar el tipo de cambio ante la presión pre-electoral. En los hechos, parte de esos fondos también permitió cancelar intereses al FMI.

Bessent lo confirmó públicamente: el BCRA había comprado Derechos Especiales de Giro (DEGs, la moneda del FMI) con esos dólares, y los había usado para afrontar un vencimiento de intereses de casi USD 872 millones.

Luego vino la parte que menos se explicó. En diciembre, el BCRA anunció que había cancelado el tramo activado del swap con EEUU. Bessent celebró la devolución como prueba de la solidez financiera argentina. Pero los estados contables del BCRA cuentan otra historia.

Los números son elocuentes: en la semana del 15 al 23 de diciembre, el rubro ‘Otros pasivos’ —donde se contabiliza el swap con EEUU— bajó USD 2.597 millones. Exactamente en el mismo período, el rubro ‘Organismos internacionales’ —donde se registran los préstamos del BIS— subió USD 2.505 millones.

El BCRA no canceló una deuda con recursos propios: la sustituyó por otra. Cambió un acreedor por otro. El pasivo se mantuvo; solo cambió el nombre de quien figura en la contraparte.

La confirmación llegó semanas después, cuando el BCRA presentó sus estados contables del ejercicio 2025. Informó facilidades crediticias con el BIS por el equivalente a USD 2.500 millones. La coincidencia de montos disipó cualquier duda.

El costo de todo este movimiento: USD 17,7 millones en intereses pagados al Tesoro de EEUU por los 60 días de uso del swap. Una tasa anualizada que el Cronista estimó como razonable para el plazo y el riesgo involucrado. Bessent, por su parte, confirmó que Estados Unidos ‘obtuvo ganancias’ con la operación.

 

La secuencia completa: octubre 2025 – mayo 2026

Fecha Hito Qué pasó
Oct 2025 EEUU activa swap El BCRA toma USD 2.500 M del Tesoro de Trump antes de las elecciones de medio término. El swap total habilitado es de USD 20.000 M.
Oct-Nov 2025 Uso del swap: pago al FMI Con esos dólares, el BCRA compra Derechos Especiales de Giro (DEGs) y cancela intereses al FMI por casi USD 872 M. Bessent lo confirma públicamente.
Dic 2025 Cancelación vía BIS El BCRA devuelve los USD 2.500 M al Tesoro de EEUU. Pero no con dólares propios: toma un préstamo del BIS por el mismo monto. Cambia acreedor, no cancela la deuda.
Ene 2026 Bessent celebra; la línea sigue vigente Trump y Bessent anuncian el reembolso como éxito. El acuerdo de USD 20.000 M sigue abierto y disponible. Argentina pagó USD 17,7 M de intereses por esos 60 días de uso.
May 2026 (hoy) El swap chino llega a su fin Queda un remanente de ~USD 675 M del tramo activado en 2023. El Gobierno lo cancelará a mediados de año. El acuerdo marco de USD 19.000 M vence el 6 de agosto: renovar o no, la gran decisión.
21 May 2026 FMI aprueba 2ª revisión: USD 1.000 M El Directorio del FMI libera el desembolso. No es para cancelar los swaps: va a reservas. Pero sin él, la meta de acumulación de reservas sería aún más difícil de cumplir.

 

El swap con EEUU: sigue vigente, pero no se usó más

Un dato que se perdió entre los anuncios de celebración de enero: aunque el BCRA canceló el tramo que había activado, el acuerdo marco de USD 20.000 millones con el Tesoro de EEUU continúa vigente. La línea sigue disponible.

En la práctica, esto significa que Argentina tiene acceso a una especie de tarjeta de crédito de emergencia cambiaria de USD 20.000 millones firmada con la administración Trump. No se están usando esos fondos hoy, pero su sola existencia opera como un seguro implícito sobre el tipo de cambio: el mercado sabe que si hay una corrida, hay una ventanilla disponible.

La distinción técnica clave: una cosa es el tramo activado —los dólares efectivamente tomados y devueltos— y otra el acuerdo marco, que funciona como una línea contingente de liquidez. Cancelar el tramo no cierra el acuerdo. La línea sigue abierta.

El swap chino: el que sí está en cuenta regresiva

Mientras el swap con EEUU duerme sin activar, el acuerdo con China llega a su hora de la verdad. La historia de este swap es más larga y más compleja.

Argentina y China tienen un acuerdo de intercambio de monedas desde 2009. En 2023, durante el gobierno de Alberto Fernández y en medio de una crisis aguda de reservas, el BCRA activó un tramo de USD 5.000 millones equivalentes en yuanes para sostener el tipo de cambio y pagar importaciones. El swap total disponible asciende a unos USD 19.000 millones en yuanes (CNY 130.000 millones).

Desde entonces, Argentina fue devolviendo gradualmente esos fondos. Al 31 de diciembre de 2025, el monto en uso había bajado a CNY 7.000 millones, equivalentes a poco más de USD 1.000 millones. A mediados de enero de 2026 quedaban CNY 4.600 millones, unos USD 675 millones. El Gobierno confirmó que ese remanente se cancelará en cuotas a lo largo de este año, con fecha límite en agosto.

 

▌ Los dos swaps: diferencias clave

SWAP CON EEUU (Tesoro / Bessent)

→ Monto habilitado: USD 20.000 millones

→ Tramo usado: USD 2.500 M (oct-dic 2025) — YA DEVUELTO vía BIS

→ Estado actual: línea VIGENTE, sin uso activo

→ Vencimiento del acuerdo marco: no definido públicamente

→ Dimensión política: respaldo explícito de la administración Trump

 

SWAP CON CHINA (Banco Popular de China)

→ Monto total del acuerdo: USD ~19.000 millones en yuanes

→ Tramo activado en 2023: USD 5.000 M

→ Remanente a cancelar: ~USD 675 M (en cuotas hasta agosto 2026)

→ Vencimiento del acuerdo marco: 6 de agosto de 2026

→ Decisión pendiente: ¿renovar o no renovar?

 

La tensión geopolítica: Washington vs Beijing en el balance del BCRA

Detrás de los números hay una disputa de influencias que el Gobierno argentino maneja con cuidado. Bessent sugirió en abril de 2025, durante su visita a Buenos Aires, que Argentina debería poner fin al swap con China una vez que acumule reservas suficientes. No lo dijo como condición formal, pero el mensaje fue claro.

Sin embargo, el Gobierno no se apuró. La Casa Rosada sostiene que no ve objeciones para renovar el acuerdo marco con China después de agosto. La posición oficial no compromete la cancelación del tramo activo —eso sí está decidido— pero deja abierta la puerta a mantener la línea disponible como respaldo adicional de liquidez.

La lógica es fría y pragmática: tener dos grandes líneas de liquidez disponibles —una con EEUU y otra con China— es mejor que tener una sola. El problema es que los dos acreedores llevan décadas compitiendo por influencia en América Latina, y Argentina se convirtió, sin buscarlo del todo, en un campo de ese juego.

Una cosa es el tramo activado con China, que Argentina cancela. Otra es el acuerdo marco de USD 19.000 millones, que vence en agosto y cuya renovación es la decisión más delicada del segundo semestre.

¿Y los USD 1.000 millones del FMI? ¿Tienen que ver con todo esto?

El Directorio del FMI aprobó el jueves 21 de mayo la segunda revisión del acuerdo con Argentina y liberó un desembolso de USD 1.000 millones. Caputo lo festejó en redes. El detalle es que ese dinero no llegó para cancelar los swaps: va directamente a engrosar las reservas del BCRA.

La conexión con la historia de los swaps es indirecta pero real. El FMI viene señalando desde hace meses que Argentina no cumplió la meta de acumulación de reservas netas. Esa meta es exactamente la que se complicó cuando se activaron los swaps, porque los préstamos de terceros incrementan las reservas brutas pero también los pasivos, de modo que las reservas netas —el número que importa— no mejoran.

En la segunda revisión, el FMI revisó la meta a la baja: pasó de exigir una acumulación ambiciosa a pedir USD 3.500 millones para junio y USD 8.000 millones para fines de 2026. La aprobación con esos objetivos ajustados fue, en los hechos, un waiver implícito por el incumplimiento anterior.

El desembolso de USD 1.000 millones sí computa como mejora de reservas brutas. Pero no resuelve el problema de fondo: Argentina sigue necesitando acumular dólares genuinos a través de superávit comercial, inversión extranjera directa o acceso a mercados de capital, no a través de préstamos que hay que devolver.

 

▌ ¿Qué tiene que ver el desembolso del FMI con los swaps?

→  Los USD 1.000 M van a reservas brutas del BCRA, no a cancelar swaps

→  El FMI bajó la meta de reservas netas (de ~USD 10.000 M de brecha a objetivos más alcanzables)

→  El desembolso es condicionado: superávit fiscal, mayor flexibilidad cambiaria, transparencia en estadísticas

→  El FMI insiste en que Argentina vuelva a los mercados de crédito — lo que Caputo rechaza al 9,5%

→  Sin acceso a mercados, los futuros pagos al propio FMI (~USD 3.605 M en lo que resta de 2026) presionan las reservas

→  Conclusión: el desembolso es un alivio táctico, no una solución estructural

 

El panorama completo: una deuda que viaja entre acreedores

Vista desde arriba, la ingeniería financiera del BCRA en los últimos ocho meses tiene una lógica coherente aunque incómoda de explicar: frente a la imposibilidad de cancelar deuda con dólares propios —porque las reservas netas siguen siendo negativas en términos técnicos—, el equipo económico ha manejado los tiempos cambiando acreedores y extendiendo plazos.

El swap con EEUU se canceló con plata del BIS. El swap con China se está cancelando gradualmente con dólares que el BCRA va acumulando en el mercado. El FMI aporta un desembolso que refuerza reservas brutas. Y la línea de EEUU sigue vigente como respaldo implícito.

La pregunta que el mercado se hace —y que el informe del FMI sugiere— es si este esquema es sostenible más allá de 2026. La respuesta depende de una sola variable: si Argentina logra acumular reservas genuinas lo suficientemente rápido como para no necesitar activar ninguna de las líneas disponibles.

Por ahora, el BCRA lleva 36 ruedas consecutivas comprando dólares en el mercado. Las reservas brutas superaron los USD 40.000 millones. El riesgo país bajó de 750 a 530 puntos en cinco meses. Son señales positivas. Pero el reloj del swap chino marca agosto, los vencimientos del FMI siguen acumulándose, y el BIS no está disponible indefinidamente para hacer de puente entre deudas.

El BIS es una herramienta de liquidez de emergencia, no de financiamiento estructural. Usarlo dos veces seguidas en el mismo año, para el mismo tipo de operación, es el tipo de señal que los analistas anotan con lápiz rojo.

En síntesis: las tres preguntas que definen el segundo semestre

  1. ¿Se renueva el swap con China en agosto?

Si se renueva, Argentina mantiene una red de seguridad de USD 19.000 millones en yuanes que, aunque políticamente incómoda frente a Washington, es una cobertura de liquidez real. Si no se renueva, ese respaldo desaparece justo cuando los vencimientos de deuda se acumulan.

  1. ¿Sigue sin activarse el swap con EEUU?

La línea de USD 20.000 millones del Tesoro sigue vigente. Si la acumulación de reservas se interrumpe o hay un shock externo, esa ventanilla puede reactivarse. Pero cada vez que se activa, el costo es visible —intereses, pasivos, dependencia política— y la deuda sigue existiendo, aunque cambie de forma.

  1. ¿Para qué sirven realmente los USD 1.000 M del FMI?

Para ganar tiempo y señal política. El desembolso mejora las reservas brutas, refuerza la narrativa de recuperación y habilita la siguiente revisión del programa. Pero no reemplaza el acceso al mercado de capitales que el FMI sigue exigiendo y que Caputo sigue rechazando al 9,5%.

En el fondo, la historia del BIS, los dos swaps y el desembolso del Fondo es siempre la misma historia: un país con reservas netas negativas que administra su liquidez con instrumentos que dan tiempo, pero que no resuelven el problema de fondo. El tiempo, como siempre, tiene un costo.

© Análisis Económico · Buenos Aires, 24 de mayo de 2026 · Nota de análisis. No constituye asesoramiento financiero.

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