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Encajes, bancos y billeteras: por qué el crédito no fluye igual en todo el sistema financiero

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La discusión sobre si el Banco Central debe o no bajar más los encajes esconde una pregunta más de fondo: ¿a quién le prestan la plata los bancos y las billeteras virtuales, y por qué unos y otros tienen niveles de mora tan distintos? La respuesta ayuda a entender por qué la sola liberación de liquidez no alcanza para reactivar el crédito, y por qué el problema de la morosidad golpea de manera muy desigual según el tipo de entidad.

Qué son los encajes, en concreto

Los encajes son el porcentaje de cada depósito que una entidad —banco o billetera virtual— está obligada a dejar inmovilizado en una cuenta en el BCRA, en lugar de prestarlo. Aplican tanto a depósitos en pesos (cuentas corrientes, cajas de ahorro, plazos fijos, cauciones, fondos money market) como en dólares, aunque con porcentajes distintos entre ambas monedas.

El nivel de encajes es, en definitiva, el termómetro de cuánta plata de la que reciben en depósitos las entidades pueden efectivamente destinar a préstamos. Subirlos retira pesos de circulación (útil para frenar el dólar o la inflación); bajarlos libera fondeo para créditos, pero corre el riesgo de inyectar más pesos a una economía que todavía busca consolidar la desinflación. La decisión reciente del BCRA de no seguir bajándolos —descripta en la nota «El BCRA descartó bajar encajes y no intervendrá en la mora de los créditos»— responde exactamente a ese dilema: priorizar la acumulación de reservas por sobre un nuevo estímulo al financiamiento.

El punto clave: bancos y billeteras juegan con reglas distintas

Durante 2026, el Banco Central fue equiparando algunas exigencias entre bancos y fintech (por ejemplo, sometiendo a las billeteras al mismo régimen de sanciones que a los bancos a través de la Comunicación «A» 8411). Pero en el corazón del negocio —el encaje regulatorio, el capital mínimo exigido y la forma de fondearse— la diferencia sigue siendo estructural:

  • Los bancos prestan mayormente con depósitos del público, que están cubiertos por el seguro de garantía de depósitos y sujetos a encajes obligatorios elevados (llegaron a estar en 53,5% para ciertos instrumentos en 2025 y hoy rondan el 40-45% según el tipo de depósito). Antes de otorgar un crédito, un banco tiene que evaluar al cliente contra la Central de Deudores del BCRA, que registra su historial en todo el sistema financiero, y clasificarlo en categorías de riesgo (de «situación normal» a «irrecuperable»). Cuanto peor la categoría, más capital tiene que «previsionar» el banco, lo que lo desincentiva a prestarle a perfiles de mayor riesgo.
  • Las billeteras virtuales y fintech (Mercado Pago, Naranja X, Personal Pay, entre otras) se fondean en gran medida con capital propio o de fondos de inversión, no exclusivamente con depósitos del público, y hasta hace poco operaban con exigencias regulatorias más laxas en materia de capital mínimo, encajes e inspecciones. Eso les permitió otorgar crédito de manera mucho más rápida y masiva, a perfiles a los que la banca tradicional no llega —trabajadores informales, personas sin historial crediticio, montos chicos—, pero también con estándares de scoring más permisivos.

El resultado: una mora que cuadriplica a la de los bancos

Esa diferencia de criterios se refleja de manera muy nítida en los números. Mientras la irregularidad de la cartera de los bancos tradicionales rondó el 11% en el peor momento de 2026, distintas consultoras coincidieron en que la morosidad de billeteras, fintech y entidades no bancarias escaló muy por encima: EcoGo la ubicó en 23,9% y la consultora 1816 llegó a calcularla en 27,4%, casi cuatro veces la irregularidad total del sistema financiero.

El propio BCRA, a través de su informe de Proveedores No Financieros de Crédito, confirmó la magnitud del fenómeno: la irregularidad de esa cartera llegó al 26,9% en febrero de 2026, sobre un stock total de financiamiento de $13,9 billones —de los cuales más de $3,3 billones enfrentaban problemas de cobro—. Y el deterioro tiene un sesgo claro hacia los créditos más chicos: en los préstamos menores a $1 millón la irregularidad rozó el 22%, contra 13% en los de más de $10 millones, es decir, el doble de problemas de pago entre los sectores más vulnerables.

A la vez, el crecimiento del crédito no bancario no se detuvo: la cartera administrada por fintech avanzó 11% en términos reales entre agosto de 2025 y febrero de 2026, y acumuló una expansión interanual del 47%, muy por encima del ritmo de la banca tradicional. Es decir, las billeteras siguieron prestando de manera agresiva incluso mientras su mora se disparaba.

Por qué esto le complica la vida al BCRA

El fenómeno pone al Banco Central en un dilema regulatorio. Si endurece demasiado las condiciones para las fintech, corre el riesgo de excluir del sistema financiero a millones de personas que hoy acceden al crédito solo a través de una app, sin pasar por un banco. Si no lo hace, la morosidad de ese segmento sigue escalando sin freno, con el argumento adicional de los bancos tradicionales de que compiten en desigualdad de condiciones: los mismos servicios financieros, pero con exigencias de capital, encajes e inspección mucho menores.

Esa tensión explica medidas como la incorporación de las billeteras al régimen sancionatorio bancario, o la búsqueda de nuevas herramientas de cobro (como el mecanismo «Cobro con Transferencia» que impulsó el BCRA en 2026 para facilitar que las fintech puedan debitar cuotas), en paralelo a la discusión más de fondo sobre si deben o no exigírseles los mismos encajes y capital mínimo que a un banco.

La otra cara: por qué «bajar los encajes» no resuelve todo

Volviendo al punto de partida: aun si el BCRA decidiera bajar los encajes en pesos —dando a los bancos más plata disponible para prestar—, eso no cambia el hecho de que gran parte de la población de menores ingresos ya está sobreendeudada o mal calificada en el sistema, y que la banca tradicional, por normativa y por prudencia, no le va a prestar a cualquiera. La liquidez extra terminaría destinándose a los perfiles de menor riesgo, no necesariamente a quienes más necesitan el crédito. Es, en el fondo, la misma lógica que llevó a Santiago Bausili a decir que el problema no es tanto el nivel de encajes sino el «proceso digestivo» de la mora acumulada, y que ese ajuste no se puede acelerar por decreto.

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