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Ricardo Arriazu y el rumbo de la economía argentina
Ricardo Arriazu y el «alineamiento de los planetas»: qué dijo el economista sobre el rumbo de la economía argentina
Vengo siguiendo a Ricardo Arriazu desde sus primeros comentarios sobre Vaca Muerta, cuando hablaba de un círculo virtuoso que hoy, varios años después, se está terminando de concretar. Esa mirada de largo plazo es la que le da peso a lo que dijo esta semana ante empresarios e inversores: la Argentina atraviesa un momento excepcional en el frente externo, aunque con desafíos sociales y políticos que todavía están lejos de resolverse.
Un «alineamiento de los planetas» a favor del país
En una exposición ante empresarios e inversores, Arriazu describió el escenario internacional actual como una oportunidad fenomenal para la Argentina. Según explicó, la combinación del conflicto en Medio Oriente, la tensión entre Estados Unidos y China y la carrera tecnológica global generó una demanda simultánea de energía, cobre, litio y plata, justamente los recursos que el país tiene para ofrecer.
A ese contexto internacional favorable se suma un combo de factores locales: la mejor cosecha de la historia, con un volumen 19% superior al del año pasado, y el destrabe de los cuellos de botella en Vaca Muerta, con el oleoducto Duplicar Plus operando a pleno durante todo el año y la puesta en marcha del VMOS hacia Punta Colorada, Río Negro, prevista para fines de 2026.
Superávit comercial: de US$13.500 a US$27.000 millones
El economista, que disertó junto a Fernando Marengo, economista jefe de BlackToro Asset Management, remarcó que este combo de factores elevó de manera sustancial las proyecciones de superávit comercial para este año. Al comienzo de 2026 el cálculo rondaba los US$13.500 millones; hoy la estimación se acerca a los US$27.000 millones, lo que a su vez se traduce en un superávit de cuenta corriente cercano a los US$9000 millones.
Arriazu fue cauto respecto de la sostenibilidad de este ciclo favorable y advirtió que las condiciones externas excepcionales no son permanentes.
El desafío electoral: romper «el péndulo»
Para el economista, la pregunta central de cara al año electoral es si la Argentina logrará evitar el clásico péndulo de la política local. Sostuvo que las variables externas favorables necesitan trasladarse a la confianza de la ciudadanía para consolidarse, y citó el índice de confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella —que definió como el mejor predictor de elecciones— que subió en mayo pero volvió a caer en junio.
Según explicó, esa confianza depende de cómo la gente percibe su situación de empleo, inflación, ingresos, la política y la corrupción.
Tasas, crédito y el temor a la morosidad
Una parte importante de la exposición estuvo dedicada al mercado de crédito y a la brecha entre lo que pagan los bancos por los plazos fijos y lo que cobran por préstamos personales y tarjetas. Arriazu atribuyó esa diferencia a dos causas: los encajes no remunerados que deben constituir los bancos sobre los depósitos, que encarecen el fondeo, y el temor de las entidades a un aumento de la morosidad, alimentado por el fuerte endeudamiento de muchas familias durante el año pasado ante la expectativa de que la inflación licuara esas deudas, algo que finalmente no ocurrió.
Para el economista, la única salida posible pasa por una política monetaria más flexible y una baja del riesgo país que permita reactivar el crédito genuino al sector privado.
El verdadero desafío: convencer a los argentinos de invertir en el país
Arriazu planteó que el problema de fondo es de expectativas más que de números duros. El desafío, dijo, es lograr que los argentinos confíen en que no van a ser estafados y en que conviene invertir en el país. Recordó que el patrimonio de los argentinos equivale a unas cinco veces el PBI, pero que el 80% permanece inmovilizado en ladrillos y en dólares en el exterior, producto de una actitud defensiva forjada por crisis recurrentes.
Desempleo y pobreza en el AMBA: la advertencia que se repite
El economista volvió a advertir sobre los costos sociales de la transición económica. Explicó que sectores como la industria, el comercio y la construcción están sufriendo el impacto de la apertura comercial y del nuevo esquema cambiario, mientras que la minería, la energía y el agro se consolidan como los grandes ganadores del modelo.
Esa asimetría, sostuvo, va a generar bolsones de descontento, desempleo y pobreza justamente en la zona políticamente más sensible del país: el Gran Buenos Aires.
Como muestra de que la confianza todavía no se traduce del todo en inversión real, mencionó los montos del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI): pese a los proyectos aprobados, el desembolso efectivo apenas alcanza los US$1400 millones hasta el momento.
La mirada de Fernando Marengo: dolarización y superávit gemelo
Marengo, por su parte, ubicó a la Argentina dentro de un contexto internacional favorable, con una eventual desaceleración de la actividad global pero sin riesgo de recesión, y con América Latina beneficiada por los precios de las materias primas y por la diversificación de carteras hacia deuda emergente.
En el plano local, puso el foco en la dolarización de portafolios: en los últimos doce meses hasta mayo, los argentinos destinaron US$40.000 millones entre inversiones en el exterior, depósitos en dólares, pago de importaciones y turismo, el equivalente a seis puntos del PBI. Ese dinero, señaló, no circuló en la economía local sino que se destinó al ahorro o al consumo en el exterior.
Marengo remarcó que buena parte de lo que ocurra en 2027 dependerá del ritmo al que los argentinos vuelvan a demandar pesos en lugar de dólares.
El superávit fiscal como diferencial histórico
Consultado sobre qué distingue a esta etapa de los ciclos anteriores, Marengo retomó una idea de Arriazu para subrayarla: el ajuste fiscal. Explicó que la historia de volatilidad, inflación y reestructuraciones de deuda de las últimas siete u ocho décadas en la Argentina fue, en gran medida, producto del déficit fiscal, y que es la primera vez que el país encara un programa de ajuste que llega a una situación de equilibrio con un compromiso político por sostenerlo.
A eso se suma que, por primera vez en mucho tiempo, la Argentina combina superávit fiscal y superávit externo al mismo tiempo, una combinación inédita no solo en la historia local sino también en la región. La pregunta que quedó abierta es cómo trasladar ese ordenamiento macroeconómico al bolsillo de la gente.
Fuentes
- LA NACION, «Ricardo Arriazu ve ‘un alineamiento de los planetas’ a favor del país, pero volvió a advertir por el desempleo en el AMBA»: https://www.lanacion.com.ar/economia/ricardo-arriazu-ve-un-alineamiento-de-los-planetas-a-favor-del-pais-pero-volvio-a-advertir-por-el-nid31072026/
- LA NACION, «La baja de tasas impulsada por el Gobierno le llegó a las empresas, pero todavía no a las familias»: https://www.lanacion.com.ar/economia/la-baja-de-tasas-impulsada-por-el-gobierno-le-llego-a-las-empresas-pero-todavia-no-a-las-familias-nid26072026/
- LA NACION, «Arriazu advirtió que el desempleo en el Gran Buenos Aires es el mayor riesgo político del programa»: https://www.lanacion.com.ar/economia/arriazu-advirtio-que-el-desempleo-en-el-gran-buenos-aires-es-el-mayor-riesgo-politico-del-programa-nid17042026/