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El pago de US$4.500 millones a bonistas y la apuesta a perforar los 400 puntos de riesgo país

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Qué pasó

El Gobierno argentino completó este lunes 13 de julio el pago de un vencimiento de deuda soberana en dólares por unos US$4.500 millones (algunas fuentes lo calculan en un rango de US$4.300 a US$4.500 millones, según qué conceptos se incluyan). La operación se hizo en dos tramos: el viernes 10 de julio se cancelaron cerca de US$2.500 millones en bonos Globales (emitidos bajo legislación extranjera), y hoy lunes se completó el resto correspondiente a bonos Bonares (bajo ley argentina). Ambos títulos surgieron de la reestructuración de deuda de 2020.

Con este pago cumplido, el riesgo país —el indicador de J.P. Morgan que mide cuánto más le cuesta a Argentina endeudarse respecto de Estados Unidos— quedó rozando la barrera psicológica de los 400 puntos básicos, su nivel más bajo desde 2018 y el mínimo de toda la gestión de Javier Milei. Este lunes el índice abrió en 405 puntos, tras haber tocado un cierre de 402 el viernes previo.

Por qué la recompra de bonos puede empujarlo por debajo de 400

El mecanismo que tienen en la mira los operadores es simple: una parte de los dólares que reciben los bonistas por el pago no se retira del sistema, sino que se reinvierte en nuevos bonos argentinos. Cuando eso pasa, sube la demanda de esos títulos, sube su precio, y baja el rendimiento exigido — que es, en definitiva, lo que mide el riesgo país.

Este proceso ya se empezó a notar en las últimas ruedas, con mejoras en los bonos públicos en dólares tanto en Buenos Aires como en Nueva York. Además, una porción importante de estos bonos está en manos de organismos estatales —el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES y el propio Banco Central—, que reinvierten esos fondos de forma prácticamente automática dentro del circuito financiero público, sin que esos dólares «se escapen» del sistema.

Analistas de mercado esperan que, una vez asentado el pago completo de hoy, el indicador retome la baja y pueda perforar el piso de los 400 puntos, algo que no ocurría desde 2018 —cuando, durante la presidencia de Mauricio Macri, había llegado a rondar los 403 puntos—.

El otro motor: el plan financiero 2026-2027

A la buena repercusión del pago se suma el efecto de la presentación, la semana pasada, del programa financiero del equipo económico para lo que resta de 2026 y todo 2027. El ministro Luis Caputo detalló que las necesidades de financiamiento en moneda extranjera ascienden a unos US$19.200 millones para 2026 y US$24.900 millones para 2027, y que se cubrirán con cinco fuentes principales:

  • Compra de divisas al Banco Central por parte del Tesoro
  • Emisión de deuda en el mercado local
  • Privatizaciones
  • Financiamiento bilateral
  • Préstamos con garantía de organismos multilaterales (Banco Mundial, BID)

Según el propio esquema oficial, las compras de dólares al BCRA y las colocaciones locales aportarían unos US$22.600 millones, casi la mitad de los US$47.800 millones que el Gobierno proyecta reunir en los próximos dos años. Caputo remarcó que una eventual emisión de deuda en los mercados internacionales es solo una alternativa más y no el eje central del plan —un mensaje pensado para bajarle la ansiedad al mercado sobre una posible salida a colocar deuda afuera mientras las tasas sigan siendo altas para el país.

Este plan tuvo, además, un respaldo político relevante: el FMI salió a apoyarlo públicamente. Su vocera, Julie Kozack, había señalado días antes que una mayor transparencia y previsibilidad en el financiamiento del sector público ayuda a reforzar la confianza de los mercados, en referencia directa a este esquema.

Cuánto podrían subir los bonos si el riesgo país sigue bajando

Francisco Speroni, analista de Cohen Aliados Financieros, planteó un escenario concreto: si el riesgo país lograra bajar hasta la zona de los 300 puntos, los bonos de corto plazo podrían subir entre 1,7% y 5,3%, mientras que los de mayor plazo tendrían un potencial de suba de entre 6,2% y 7,5%. Según el analista, los más beneficiados serían los Bonares (ley argentina), que hoy cotizan a paridades más bajas que los Globales.

¿Se pagó con reservas?

La respuesta es sí, pero de forma parcial y combinada con otras fuentes — no fue simplemente «el Central vendió sus reservas» de una sola vez. El financiamiento se armó con tres patas distintas:

  1. Compras previas del Tesoro al BCRA. En las semanas anteriores al vencimiento, el Tesoro le fue comprando dólares al Banco Central con pesos, para ir juntando el monto necesario: US$1.700 millones el 18 de mayo y otros US$600 millones el 17 de junio, entre otras operaciones. Esto sí implica usar reservas: cada vez que el Tesoro le compra dólares al Central, esos dólares salen del stock del BCRA y pasan a la cuenta del Tesoro, aunque la salida efectiva ya había ocurrido semanas antes del pago a los bonistas.
  2. Préstamos de bancos privados con garantía de organismos multilaterales. El Gobierno oficializó créditos por US$3.200 millones: US$2.000 millones de BBVA y Santander con garantía del Banco Mundial, y US$1.200 millones de Deutsche Bank con garantía parcial del BID. Esto no es reservas, sino deuda nueva, aunque desde la Secretaría de Finanzas insistieron en que se trata de una refinanciación con condiciones más ventajosas y no de un endeudamiento adicional.
  3. Un desembolso del FMI por US$1.000 millones que también se sumó a los fondos disponibles.

La estrategia oficial buscó usar primero los dólares «propios» que el Tesoro ya había acumulado comprándoselos al Central, y reservar las garantías de los organismos multilaterales para facilitar futuras emisiones a menor costo.

El impacto que sí se vio en las reservas del BCRA: el miércoles 8 de julio, cuando se pagó el primer tramo (US$2.500 millones de Globales), las reservas brutas cayeron US$814 millones en un solo día, a US$48.722 millones. Esa baja se explica porque salieron esos US$2.500 millones por el pago, compensados solo en parte porque ese mismo día habían ingresado los US$2.000 millones del préstamo de BBVA y Santander (los US$1.200 millones de Deutsche Bank habían entrado el día anterior).

El impacto colateral: reservas del BCRA

El pago no es gratis para las reservas. Tras el primer tramo de este vencimiento, a comienzos de julio, las reservas del Banco Central habían caído a US$48.722 millones, con una baja diaria de US$814 millones ese día —pese a que la entidad había comprado US$34 millones en el mercado de cambios esa misma jornada—. Es el costado menos festejado de la noticia: mientras el mercado celebra la señal de «pago cumplido», las arcas del Central efectivamente se resienten en el corto plazo por el desembolso.

El contexto que lo hace posible

El propio informe del IEB (citado por medios locales) valoró que tener una hoja de ruta financiera clara le da previsibilidad al mercado de cara al año 2027, que concentra un volumen mayor de vencimientos. Ese mismo análisis remarcó que el esquema actual debería permitirle al Banco Central afrontar también los vencimientos de los bonos BOPREAL, que rondan los US$5.300 millones, sin resignar la meta de seguir acumulando reservas internacionales.

En síntesis

  1. El Gobierno pagó ~US$4.500 millones a bonistas en dos tramos (Globales el viernes, Bonares hoy).
  2. Una parte de esos dólares vuelve al sistema porque los tenedores reinvierten en nuevos bonos argentinos —incluyendo organismos estatales como el FGS y el BCRA, que reinvierten casi automáticamente—.
  3. Eso presiona a la baja el riesgo país, que hoy ronda los 405 puntos y podría perforar los 400 en los próximos días.
  4. El efecto se refuerza con la buena recepción del plan financiero 2026-2027 y el respaldo explícito del FMI.
  5. El costo inmediato es una caída puntual en las reservas del BCRA por el propio desembolso.

Nota elaborada con información de Infobae, Perfil, El Litoral, El Sol, El Liberal y Total News Agency, con datos al 13 de julio de 2026.

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La otra cara del boom de la IA: las grandes tecnológicas ya se endeudan para financiar la revolución

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Amazon colocó este miércoles 4.250 millones de libras esterlinas (unos US$5.760 millones) en su primera emisión de bonos en esa moneda, en medio de una ola de endeudamiento récord de los grandes hyperscalers para financiar la infraestructura de inteligencia artificial. Según datos de LSEG citados por Reuters, estas compañías ya emitieron más de US$200.000 millones de deuda en 2026, más del doble que en todo 2025. El Financial Times agrega que las empresas vinculadas a la IA concentran el 26,4% de las emisiones corporativas en francos suizos en lo que va del año, la proporción más alta entre los principales mercados de crédito.

El movimiento de Amazon no es aislado. La compañía estructuró una operación de cuatro tramos con vencimientos a tres, seis, doce y diecinueve años, y recibió órdenes por más de 10.650 millones de libras. Los yields se ubicaron entre alrededor del 5,2% en el tramo más corto y el 6,7% en el más largo. Es la cuarta moneda distinta del dólar a la que recurren este año los hyperscalers, después del euro, el franco suizo y el dólar canadiense. Alphabet había abierto el camino en febrero con una emisión de 5.500 millones de libras que incluyó un bono a cien años. La necesidad de capital es clara: Amazon proyecta un gasto de capital de US$200.000 millones en 2026, impulsado casi en su totalidad por centros de datos, chips y hardware asociado a la IA.

El contexto macroeconómico revela un cambio estructural. Hasta hace poco estas empresas financiaban su expansión con el enorme flujo de caja operativo. Ahora el ritmo de inversión en infraestructura de inteligencia artificial supera esa capacidad y las obliga a salir masivamente a los mercados de deuda. El resultado es una presión creciente sobre los mercados de crédito globales. En Suiza, el impacto es especialmente visible por el tamaño reducido del mercado: las emisiones de Alphabet y Amazon equivalieron cada una a cerca del 2% del stock corporativo existente. Analistas advierten que este volumen de oferta empieza a afectar el timing y el tamaño de las colocaciones de empresas locales, que prefieren evitar la competencia directa por la demanda de los inversores.

Para los mercados, el fenómeno combina oportunidad y riesgo. Los bonos de estos emisores de alta calidad crediticia siguen atrayendo demanda porque ofrecen exposición al crecimiento de la IA con spreads todavía atractivos. Sin embargo, el volumen acumulado ya genera signos de saturación: la demanda relativa en la operación de Amazon fue de 2,5 veces, por debajo de las cinco veces que obtuvo Alphabet en febrero. El Banco Central Europeo alertó recientemente que la llegada masiva de estos emisores al mercado del euro podría encarecer el financiamiento de otros prestatarios. La pregunta que circula entre analistas de Bloomberg Intelligence y bancos de inversión es hasta dónde puede absorber el mercado este ritmo de emisión sin que los spreads se amplíen de forma más significativa.

Las perspectivas apuntan a que el endeudamiento de las big tech vinculado a la IA seguirá siendo uno de los principales drivers de los mercados de crédito en los próximos años. Estimaciones de distintos bancos ubican el gasto de capital de los hyperscalers en niveles cercanos a los US$700.000 millones o más solo en 2026, con una proporción creciente financiada con deuda. Para el inversor argentino y latinoamericano, el fenómeno tiene una lectura clara: la revolución de la inteligencia artificial no solo se mide en valuaciones de acciones o en capacidad de cómputo, sino también en el apetito de los mercados de bonos por absorber cientos de miles de millones de dólares de deuda corporativa de alta calificación. La otra cara del boom es, precisamente, esta transformación del balance de las tecnológicas y del propio mercado de crédito global.

Fuentes: Reuters: https://www.reuters.com/business/finance/amazon-starts-selling-first-sterling-bonds-lead-managers-say-2026-09-09/ Financial Times: https://www.ft.com/content/fb189d81-e5ce-4aba-8707-53c88dae6e60 Quartz: https://qz.com/amazon-sterling-bond-sale-ai-infrastructure-090926 Bloomberg (vía Yahoo Finance): https://finance.yahoo.com/markets/stocks/articles/amazon-selling-first-sterling-bonds-080555095.html

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OpenAI quiere usar IA para diseñar los chips que necesita la propia IA

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OpenAI está ofreciendo sus modelos de inteligencia artificial para el diseño de chips y afirmó que utilizó sus propias herramientas para desarrollar el procesador Jalapeño, que alcanzó el estado de “tape-out” en solo nueve meses. La CFO Sarah Friar lo destacó este lunes en la conferencia Communacopia + Technology de Goldman Sachs en San Francisco, al tiempo que señaló que la compañía está llevando la IA a sectores especializados como las ciencias de la vida y los servicios financieros. El movimiento refuerza la estrategia de OpenAI de integrar toda la cadena de valor de la inteligencia artificial, desde los modelos hasta el silicio que los ejecuta.

El chip Jalapeño es el primer “Intelligence Processor” de OpenAI, un acelerador diseñado desde cero junto a Broadcom específicamente para tareas de inferencia de modelos de lenguaje de gran tamaño. Según la compañía, el desarrollo desde el diseño inicial hasta el tape-out —el momento en que el plano del chip se envía a fabricación— se completó en nueve meses, un plazo que consideran el más rápido jamás logrado en semiconductores avanzados de alto rendimiento. OpenAI reconoció que sus propios modelos aceleraron partes del proceso de diseño y optimización, lo que permitió comprimir un ciclo que normalmente toma entre un año y medio y dos años. Las muestras de ingeniería ya están corriendo cargas de trabajo reales en laboratorio, incluyendo modelos como GPT-5.3-Codex-Spark, y los primeros despliegues comerciales se esperan hacia finales de 2026.

El anuncio de Friar se enmarca en una estrategia más amplia de expansión vertical. OpenAI no solo busca reducir su dependencia de los chips de Nvidia, sino también convertir su experiencia interna en un servicio comercial. La compañía está posicionando sus modelos como herramientas especializadas para el diseño de semiconductores, un área donde la complejidad y los costos de desarrollo son extremadamente altos. Al mismo tiempo, está empujando soluciones verticales en ciencias de la vida —con modelos orientados a investigación biomédica y descubrimiento de fármacos— y en servicios financieros, donde las empresas demandan sistemas de IA adaptados a tareas concretas de análisis, riesgo y operaciones. Friar destacó además que OpenAI bajó un 80% el precio de su modelo de menor costo Luna, lo que impulsó un aumento de aproximadamente diez veces en su uso, y que Codex, su herramienta de programación, ya suma 25 millones de usuarios.

Desde el punto de vista de los mercados, el movimiento tiene implicaciones profundas. Diseñar chips propios con ayuda de IA no solo mejora la eficiencia energética y reduce la latencia de las respuestas de ChatGPT y otros productos, sino que también genera una ventaja competitiva en costos de cómputo. Early testing de Jalapeño mostró mejoras sustanciales en performance por vatio frente a sistemas comerciales de referencia, incluyendo los de Nvidia. Al ofrecer esa misma capacidad de diseño asistido por IA a terceros, OpenAI intenta capturar valor en un eslabón crítico de la cadena de suministro de la inteligencia artificial. El crecimiento de ingresos empresariales —que subió 32% entre junio y julio— refleja que las compañías están dispuestas a pagar por soluciones más especializadas y medibles.

Las perspectivas apuntan a una intensificación de la integración vertical en el sector. Mientras los hyperscalers gastan cientos de miles de millones de dólares en infraestructura, OpenAI busca controlar no solo el software sino también el hardware optimizado para sus workloads. El despliegue de Jalapeño a escala de gigavatios con socios de data centers a lo largo de varias generaciones podría cambiar la economía de la inferencia. Para el ecosistema argentino y latinoamericano, el mensaje es claro: la próxima frontera de la IA no se limita a entrenar modelos más grandes, sino a usar esos mismos modelos para diseñar el silicio que los hará más baratos, más rápidos y más accesibles. OpenAI está convirtiendo su propia necesidad de chips en un nuevo producto.

Fuentes: Reuters: https://www.reuters.com/world/china/openai-offers-ai-chip-design-touts-cost-advantage-over-open-source-cfo-says-2026-09-09/ OpenAI (anuncio oficial Jalapeño): https://openai.com/index/openai-broadcom-jalapeno-inference-chip/ TechSpot: https://www.techspot.com/news/112890-openai-debuts-jalapeo-custom-chip-built-cut-chatgpt.html CNBC TV18: https://www.cnbctv18.com/technology/openai-offers-ai-for-chip-design-touts-cost-advantage-over-open-source-cfo-says-19987097.htm

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Tesoro le dio al BCRA otros US$2.000 millones en bonos dólar linked

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El Tesoro le dio al BCRA otros US$2.000 millones en bonos dólar linked: qué cambia y por qué lo hace justo ahora

El Gobierno oficializó un nuevo canje de deuda entre el Ministerio de Economía y el Banco Central: le entregó a la autoridad monetaria hasta US$2.000 millones en letras atadas al dólar oficial, a cambio de una Letra en pesos que el Central ya tenía en cartera. No hay dólares nuevos ni suba de reservas: es una recomposición de activos que busca darle al BCRA más herramientas para calmar al mercado sin vender divisas, en el arranque de un semestre marcado por la mayor demanda de cobertura cambiaria típica de todo año preelectoral.

La operación, en criollo

El lunes 7 de septiembre se liquidó la Resolución Conjunta 53/2026 de las secretarías de Finanzas y Hacienda, firmada el viernes 4. El mecanismo es un canje puro y simple:

  • El BCRA entregó su tenencia de la LECAP S30O6, una Letra del Tesoro en pesos a tasa fija (capitalizable), con vencimiento el 30 de octubre de 2026.
  • A cambio, recibió dos Letras del Tesoro dólar linked (LELINK): la D30S6, por hasta US$800 millones, con vencimiento el 30 de septiembre, y la D30O6, por hasta US$1.200 millones, con vencimiento el 30 de octubre.
  • Para poder entregarlas, el Tesoro tuvo que ampliar la emisión de ambos instrumentos —no existían en ese volumen antes de esta operación.
  • Todo se liquidó en pesos, al precio de mercado de cada título en BYMA el día de la operación. No hubo transferencia de dólares físicos en ningún momento.

Lo primero que hay que despejar: no toca reservas ni «crea» dólares

Es el punto que más confusión genera y el que conviene aclarar de entrada. Las reservas internacionales del BCRA —los dólares, oro y DEG que respaldan al sistema— solo suben o bajan cuando entra o sale moneda extranjera genuina: compras en el mercado de cambios, desembolsos del FMI, swaps con otros bancos centrales. Este canje no encaja en ninguna de esas categorías: es un intercambio de papeles denominados en pesos (aunque uno de ellos ajuste por el tipo de cambio), liquidado íntegramente en moneda local. El stock de reservas quedó exactamente igual antes y después de la operación.

Lo que sí cambia es la composición del activo del BCRA: antes tenía un instrumento en pesos a tasa fija, ahora tiene instrumentos en pesos indexados al dólar oficial. Es un cambio de exposición y de utilidad, no un ingreso de divisas.

Para qué le sirve al BCRA tener LELINK en vez de LECAP

Acá está la clave que explica por qué el Gobierno viene repitiendo este tipo de canje: la LELINK es el instrumento específico que el BCRA usa para intervenir en el mercado de cobertura cambiaria sin vender dólares.

El mecanismo funciona así: cuando sube la demanda de protección contra una devaluación —algo típico en la previa de un año electoral—, esa demanda puede canalizarse de dos formas. O la gente compra dólares directamente en el mercado spot (lo que presiona el tipo de cambio y obliga al BCRA a vender reservas si quiere contenerlo), o compra bonos dólar linked, que ofrecen la misma cobertura sin necesidad de un dólar físico. Cuantos más LELINK tenga el BCRA en cartera, más puede vender en el mercado secundario para satisfacer esa demanda de cobertura, absorbiendo pesos de circulación en el proceso, sin tocar un dólar de reservas.

El economista Federico Glustein lo resumió con precisión: la ampliación de estas dos letras apunta a evitar oscilaciones intradiarias que generen tensión cambiaria, dándole al Gobierno una forma indirecta de intervenir y ofrecer certidumbre sin que el Central tenga que vender divisas. Fuentes cercanas al BCRA lo calificaron como «un canje más de los muchos que se hacen» entre ambos organismos —lo cual es literal: no es un hecho aislado.

No es la primera vez: la cadena de canjes de 2026

Este mecanismo se viene repitiendo, mes a mes, desde julio:

Fecha Resolución Operación Monto
Julio 2026 Res. Conjunta 39/2026 BONCER (TZXD6) → LELINK D31L6 y D31G6 hasta US$1.000M cada una
Agosto 2026 Res. Conjunta 49/2026 LELINK D31G6 → LELINK D30S6 US$550M
Septiembre 2026 Res. Conjunta 53/2026 LECAP S30O6 → LELINK D30S6 y D30O6 hasta US$2.000M

Es, en esencia, un «rollover» constante: a medida que cada LELINK se acerca a su vencimiento, el Tesoro la va renovando por otra más larga, en vez de dejarla vencer. Un dato de la City ilustra por qué esto se volvió más urgente: en el canje de agosto, la LELINK D31G6 —que tenía un valor nominal en circulación de US$3.930 millones— apenas logró un rollover del 34%, dejando un remanente de US$2.595 millones sin renovar, el mayor vencimiento del año para un título dólar linked. Ese remanente quedó como un foco de demanda de cobertura pendiente, y en parte explica por qué el Tesoro salió a reforzar el stock de LELINK en manos del BCRA esta semana.

El efecto hoy en el mercado

La City recibió la medida como una señal más de «blindaje cambiario» en un momento en que el humor del mercado viene cambiando: suben las tasas, aumenta la demanda de cobertura y el propio Banco Central intervino vendiendo LECAP en el mercado secundario semanas atrás para poner un piso a las tasas en pesos. Un fenómeno detectado por la consultora Delphos resulta clave para entender el contexto: desde mediados de abril, las compras de dólares del BCRA vienen siendo acompañadas casi peso por peso por un aumento de la cobertura vía dólar linked y futuros. Es decir, los pesos que el Central inyecta al comprar reservas no se quedan en el mercado local: buscan protección frente al dólar casi de inmediato. La estrategia de Luis Caputo consiste, justamente, en ofrecerle a esa demanda una salida dentro del propio mercado financiero (comprando LELINK) en lugar de dejar que vaya directo al spot.

En el balance consolidado del sector público (Tesoro + BCRA), la cobertura cambiaria total ofrecida al mercado se ubicaba cerca de US$10.420 millones a fines de agosto, tras haber crecido con fuerza en junio y julio (+US$3.030M y +US$4.740M, respectivamente) y retroceder levemente en agosto. Es un nivel alto, aunque todavía por debajo del que se observó en la previa inmediata de las elecciones legislativas de 2025.

El plan de fondo del Tesoro: llegar a 2026-2027 «con muchos dólares y pocos pesos con los que te puedan atacar»

Esta frase, pronunciada por el secretario de Finanzas Federico Furiase, resume el objetivo estratégico detrás de esta cadena de canjes. El programa financiero que Caputo presentó en julio busca cubrir unos US$30.700 millones en vencimientos en moneda extranjera entre mediados de 2026 y fines de 2027, y contempla varias «canillas» simultáneas:

  • Acumular reservas: el BCRA ya superó ampliamente la meta anual de compras (US$10.000 millones) y las adquisiciones acumuladas en 2026 llegaron a más de US$14.000 millones, con el objetivo de aproximarse a los US$17.000 millones antes de fin de año.
  • Estirar duration de la deuda en pesos: el Tesoro viene alargando los plazos de sus licitaciones para reducir la presión de vencimientos de corto plazo, aprovechando el interés de bancos y fondos en instrumentos más largos.
  • Ofrecer cobertura cambiaria dentro del sistema financiero (el mecanismo de esta nota): en vez de dejar que la demanda de dólares golpee directo el mercado spot, absorberla con bonos dólar linked y futuros.
  • Mantener el swap con Estados Unidos (hasta US$20.000 millones) como herramienta de última instancia para episodios de alta volatilidad, sin activarlo salvo necesidad extrema.

El propio equipo económico reconoce que la ecuación no cierra sola: según estimaciones privadas, el país necesitaría cubrir unos US$17.600 millones adicionales para completar la totalidad de los vencimientos hasta diciembre de 2027, incluso sumando los recursos del Tesoro, las garantías internacionales y el probable rollover de los Repos. Además, distintos análisis privados advierten que en 2027 la exigencia cambiaria sobre el BCRA podría escalar a cerca de US$11.000 millones —entre compras para el Tesoro, pagos de Bopreal y la meta con el FMI—, justo en un año electoral donde la demanda de dólares de ahorristas minoristas suele dispararse.

La lectura de fondo

El canje de esta semana no es un hecho aislado ni una jugada extraordinaria: es una pieza más de una estrategia declarada, que consiste en anticiparse a la demanda de cobertura cambiaria propia de la previa electoral, ofreciéndole al mercado una alternativa dentro del sistema financiero antes de que esa demanda termine golpeando directo sobre el dólar spot y las reservas. El costo de esa estrategia lo termina asumiendo el Tesoro, que al emitir cada vez más deuda dólar linked queda más expuesto: si el tipo de cambio se dispara antes de los vencimientos de septiembre y octubre, el Estado deberá pagar más pesos de los previstos por esos mismos títulos que hoy sirven para calmar al mercado.


Fuentes: Boletín Oficial (Resolución Conjunta 53/2026), Ámbito, Infobae, LA NACION, El Cronista, BAE Negocios, iProfesional y Perfil.

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