Perspectivas
FGS: El fondo de los jubilados
El fondo de los jubilados: qué hay realmente dentro del FGS y por qué no es lo que parece
El Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) figura en los informes oficiales con una valuación de más de USD 69.000 millones. Es un número que suena imponente, el mayor fondo soberano de América Latina según sus propios administradores. Pero cuando se mira adentro, la realidad es bastante más compleja: la mayor parte de ese dinero no es efectivo, no es oro, ni siquiera son acciones de empresas privadas. Es, en su enorme mayoría, deuda que el propio Estado argentino se prometió a sí mismo que algún día va a pagar.
Este es un análisis de qué hay realmente en el FGS, basado en los últimos informes oficiales de ANSES disponibles, correspondientes a diciembre de 2025 y marzo de 2026.
Qué es el FGS y de dónde salió
El FGS nació en 2007 por decreto y tomó su forma actual en 2008, cuando la Ley 26.425 eliminó las AFJP y transfirió todos sus activos al Estado. En ese momento, las carteras de las administradoras privadas valían unos USD 30.000 millones a precio de mercado. El Estado los absorbió, los incorporó al FGS y los puso bajo administración de ANSES.
Su misión formal es triple: actuar como reserva del sistema previsional para años de crisis, financiar proyectos productivos e infraestructura, y preservar el valor del patrimonio de los jubilados. En la práctica, como se verá, esas tres misiones compiten entre sí y ninguna se cumple del todo.
Los números reales: la cartera a diciembre de 2025
El informe oficial del Consejo del FGS con datos a diciembre de 2025 muestra la siguiente composición en dólares:
Títulos públicos nacionales: USD 52.614 millones Es el rubro más grande por amplia diferencia. Representa el 76% de toda la cartera. Son bonos que el Tesoro argentino le emitió al FGS a lo largo de los años: Bonares, Globales, bonos CER, bonos en pesos a tasa variable, y los viejos instrumentos heredados de los canjes de deuda como los Cuasipar y los Préstamos Garantizados. Al cierre de noviembre de 2025, solo en Bonares y Globales (los bonos soberanos más líquidos) el FGS tenía USD 12.793 millones de valor nominal.
Acciones: USD 11.347 millones El segundo componente. Representa alrededor del 16% de la cartera y está concentrado principalmente en dos sectores: energía (6,6% del total de la cartera) y servicios financieros (6,3%). Las principales posiciones son en Grupo Financiero Galicia, Banco Macro, TGS (Transportadora de Gas del Sur), Pampa Energía, Ternium Argentina, YPF, Loma Negra y BYMA, entre otras.
Proyectos productivos e infraestructura: USD 2.781 millones Financiamiento para obras de energía, vivienda y producción. Representa el 4% de la cartera. Es el componente que más cayó en proporción en la última década: en 2015 era el 12,87% del fondo; en 2024 bajó al 4,26%.
Títulos emitidos por entes estatales: USD 1.446 millones Bonos de bancos provinciales, letras del BCRA y deuda de organismos públicos subnacionales. Otro componente de deuda estatal, aunque no del Tesoro nacional directamente.
Plazo fijo: USD 457 millones Depósitos en bancos. Creció fuerte entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, un 58,9%, como parte de un giro hacia mayor liquidez de corto plazo.
Fondos comunes de inversión: USD 158 millones Posición pequeña y decreciente.
Obligaciones negociables: USD 188 millones Deuda corporativa privada. Mínima participación.
Disponibilidades (cash real): USD 295 millones El efectivo disponible de inmediato. Es menos del 0,5% del total del fondo. Si hubiera que cubrir una emergencia en efectivo de manera inmediata, el fondo no tiene capacidad para responder.
El total y su valuación en dólares
Sumando todos los rubros, el FGS totalizaba aproximadamente USD 69.000 millones a fin de 2025. A marzo de 2026, el informe estadístico oficial indicó que el fondo pasó de 106,1 billones de pesos en diciembre de 2025 a 112,6 billones en marzo de 2026, un incremento del 6,1% trimestral. Sin embargo, ese período tuvo una inflación acumulada de alrededor del 9,4%, lo que significa que en términos reales el fondo perdió valor.
Medido en dólares al tipo de cambio oficial, el stock en pesos representa el 83% de la cartera, y si se convirtiera al tipo de cambio vigente, el FGS equivaldría a USD 76.356 millones, lo que implica una suba del 9,7% en moneda dura respecto a fines de 2025. Esa es la cifra que el Gobierno cita cuando habla de la «mejora» del fondo.
El problema de fondo: el Estado se debe plata a sí mismo
Más del 76% del FGS, unos USD 53.000 millones, son bonos que el Tesoro argentino le emitió al propio FGS. Técnicamente son activos del fondo, pero en la práctica son una promesa del Estado de pagarse a sí mismo. Si el Estado no puede pagar, esos bonos pierden valor o directamente se defaultean, y el fondo de los jubilados se evapora. Eso ocurrió parcialmente en 2001 y en 2020.
La situación se agrava si se mira la deuda pública total. La deuda externa bruta de Argentina al tercer trimestre de 2025 era de USD 316.935 millones a valor nominal. Los bonos que el Tesoro le debe al FGS representan aproximadamente el 17% de ese total. Cuando el Gobierno habla de «consolidar la deuda pública», se refiere exactamente a esto: si el Tesoro absorbiera el FGS, podría netear esa deuda intra-sector público y mostrar una reducción contable de aproximadamente USD 37.000 a 38.000 millones en el stock total de deuda, según estimaciones del secretario de Finanzas Pablo Quirno y de la Oficina de Presupuesto del Congreso. No es que la deuda desaparezca: es que dejaría de contarse dos veces.
Por qué «mejora» el FGS cuando baja el riesgo país
La mejora del FGS en los últimos dos años no fue por mayor recaudación de aportes, ni porque el Estado devolvió deuda ni porque se hicieron mejores inversiones. Fue, fundamentalmente, porque los bonos soberanos argentinos subieron de precio en el mercado secundario al bajar el riesgo país bajo el gobierno de Milei.
Si el FGS tiene USD 53.000 millones en bonos del Tesoro y esos bonos suben de precio en el mercado, la valuación del fondo sube. Si el riesgo país vuelve a subir o hay un default, esos bonos bajan y el fondo cae. Es una relación directa y mecánica. Como lo resumió el economista Ramiro Castiñeira: «hay gestión de la cartera, pero el grueso de la ganancia es simplemente por el colapso del riesgo país.»
Para ponerlo en perspectiva: cuando las AFJP fueron estatizadas en 2008, la cartera valía USD 30.000 millones. Diecisiete años después vale USD 69.000 millones. Eso implica una rentabilidad anualizada del 5% en dólares, inferior al cupón promedio de la deuda soberana argentina en ese período, porque hubo quitas en los canjes de deuda de 2005 y 2020 que golpearon al fondo.
La composición se fue deteriorando con el tiempo
Desde su creación, el FGS fue acumulando cada vez más bonos del Estado y menos activos privados o productivos. Hay tres mecanismos por los que esto ocurrió.
El primero es el financiamiento directo al Tesoro: en lugar de salir al mercado internacional a emitir deuda, el Estado argentino le colocó bonos al FGS a tasas convenientes. Es más fácil políticamente y no requiere convencer a inversores externos.
El segundo fue el canje forzado de bonos: en al menos una oportunidad, el Gobierno dispuso que los organismos del sector público, incluyendo el FGS, entregaran sus tenencias de bonos en dólares bajo ley extranjera (Globales) al Tesoro a cambio de recibir bonos en pesos. Con esa operación, activos dolarizados se convirtieron en activos nominados en moneda local, deteriorando la calidad de la cartera.
El tercero es la caída estructural de los proyectos productivos: el componente más «real» del fondo, el que financia obras de energía, vivienda e infraestructura, cayó del 12,87% en 2015 al 4% actual. Durante 2024 directamente no se otorgaron nuevos créditos de ANSES.
Las acciones: el Estado como accionista que nadie votó
El segundo rubro en importancia son las acciones, con USD 11.347 millones y alrededor del 16% de la cartera. Esta posición creció fuerte en los últimos dos años, y en los primeros meses de 2026 el FGS aumentó su participación en varias empresas importantes.
Según información surgida de presentaciones ante la SEC (el regulador bursátil de Estados Unidos) y la CNV, entre los movimientos más recientes se destacan: la participación en Grupo Financiero Galicia subió del 16,8% al 22,5%; en Loma Negra pasó del 5,33% al 9,2%; en TGS avanzó del 24% al 25,33%; en Banco Macro creció del 28,8% al 29,75%; en BYMA trepó del 3,34% al 8%.
Esto genera una paradoja llamativa: el gobierno de Javier Milei, que se define como el más liberal de la historia argentina, está aumentando la participación estatal en empresas privadas a través del FGS. En varios casos esa participación superó umbrales que obligan a designar directores en las asambleas de accionistas. El mercado observa con atención qué hay detrás de estos movimientos.
Hay que aclarar, sin embargo, que esas compras no se hicieron con dinero fresco sino con los rendimientos reinvertidos del fondo, y que pese al aumento de participación accionaria, el valor de mercado de esa cartera cayó entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, ya que el Merval en dólares bajó aproximadamente un 3% en ese período.
El cash real: menos del medio punto porcentual
El dato más revelador sobre la situación real del FGS es el nivel de liquidez inmediata: USD 295 millones de disponibilidades sobre una cartera de USD 69.000 millones. Eso es el 0,43% del total.
El límite formal establecido en los parámetros de inversión del fondo es más alto que eso. Pero desde 2018 esos parámetros no se cumplen. La Carta Orgánica del FGS establece límites de inversión que llevan más de ocho años sin respetarse: el máximo del 50% en títulos públicos nacionales lleva años superado (actualmente está en 76%), y las inversiones en instrumentos del exterior que no deberían superar el 10% son prácticamente inexistentes.
En síntesis
El FGS tiene activos por unos USD 69.000 millones, de los cuales:
- USD 52.614 millones (76%) son bonos del Tesoro argentino, es decir deuda que el Estado se debe a sí mismo.
- USD 11.347 millones (16%) son acciones de empresas privadas argentinas.
- USD 2.781 millones (4%) son proyectos productivos e infraestructura.
- USD 295 millones (menos del 0,5%) son efectivo disponible de inmediato.
Su «mejora» en los últimos dos años fue consecuencia directa de la baja del riesgo país, que elevó el precio de los bonos en cartera. Si el riesgo país sube o hay un default, la valuación cae en la misma proporción. No hay dinero nuevo, no hay recursos frescos, no hay una economía más robusta detrás: hay un precio de mercado que sube y baja con la confianza de los inversores en la capacidad de pago del Estado argentino.
Esa es la verdadera naturaleza del fondo de los jubilados.
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La otra cara del boom de la IA: las grandes tecnológicas ya se endeudan para financiar la revolución
Amazon colocó este miércoles 4.250 millones de libras esterlinas (unos US$5.760 millones) en su primera emisión de bonos en esa moneda, en medio de una ola de endeudamiento récord de los grandes hyperscalers para financiar la infraestructura de inteligencia artificial. Según datos de LSEG citados por Reuters, estas compañías ya emitieron más de US$200.000 millones de deuda en 2026, más del doble que en todo 2025. El Financial Times agrega que las empresas vinculadas a la IA concentran el 26,4% de las emisiones corporativas en francos suizos en lo que va del año, la proporción más alta entre los principales mercados de crédito.
El movimiento de Amazon no es aislado. La compañía estructuró una operación de cuatro tramos con vencimientos a tres, seis, doce y diecinueve años, y recibió órdenes por más de 10.650 millones de libras. Los yields se ubicaron entre alrededor del 5,2% en el tramo más corto y el 6,7% en el más largo. Es la cuarta moneda distinta del dólar a la que recurren este año los hyperscalers, después del euro, el franco suizo y el dólar canadiense. Alphabet había abierto el camino en febrero con una emisión de 5.500 millones de libras que incluyó un bono a cien años. La necesidad de capital es clara: Amazon proyecta un gasto de capital de US$200.000 millones en 2026, impulsado casi en su totalidad por centros de datos, chips y hardware asociado a la IA.
El contexto macroeconómico revela un cambio estructural. Hasta hace poco estas empresas financiaban su expansión con el enorme flujo de caja operativo. Ahora el ritmo de inversión en infraestructura de inteligencia artificial supera esa capacidad y las obliga a salir masivamente a los mercados de deuda. El resultado es una presión creciente sobre los mercados de crédito globales. En Suiza, el impacto es especialmente visible por el tamaño reducido del mercado: las emisiones de Alphabet y Amazon equivalieron cada una a cerca del 2% del stock corporativo existente. Analistas advierten que este volumen de oferta empieza a afectar el timing y el tamaño de las colocaciones de empresas locales, que prefieren evitar la competencia directa por la demanda de los inversores.
Para los mercados, el fenómeno combina oportunidad y riesgo. Los bonos de estos emisores de alta calidad crediticia siguen atrayendo demanda porque ofrecen exposición al crecimiento de la IA con spreads todavía atractivos. Sin embargo, el volumen acumulado ya genera signos de saturación: la demanda relativa en la operación de Amazon fue de 2,5 veces, por debajo de las cinco veces que obtuvo Alphabet en febrero. El Banco Central Europeo alertó recientemente que la llegada masiva de estos emisores al mercado del euro podría encarecer el financiamiento de otros prestatarios. La pregunta que circula entre analistas de Bloomberg Intelligence y bancos de inversión es hasta dónde puede absorber el mercado este ritmo de emisión sin que los spreads se amplíen de forma más significativa.
Las perspectivas apuntan a que el endeudamiento de las big tech vinculado a la IA seguirá siendo uno de los principales drivers de los mercados de crédito en los próximos años. Estimaciones de distintos bancos ubican el gasto de capital de los hyperscalers en niveles cercanos a los US$700.000 millones o más solo en 2026, con una proporción creciente financiada con deuda. Para el inversor argentino y latinoamericano, el fenómeno tiene una lectura clara: la revolución de la inteligencia artificial no solo se mide en valuaciones de acciones o en capacidad de cómputo, sino también en el apetito de los mercados de bonos por absorber cientos de miles de millones de dólares de deuda corporativa de alta calificación. La otra cara del boom es, precisamente, esta transformación del balance de las tecnológicas y del propio mercado de crédito global.
Fuentes: Reuters: https://www.reuters.com/business/finance/amazon-starts-selling-first-sterling-bonds-lead-managers-say-2026-09-09/ Financial Times: https://www.ft.com/content/fb189d81-e5ce-4aba-8707-53c88dae6e60 Quartz: https://qz.com/amazon-sterling-bond-sale-ai-infrastructure-090926 Bloomberg (vía Yahoo Finance): https://finance.yahoo.com/markets/stocks/articles/amazon-selling-first-sterling-bonds-080555095.html
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OpenAI quiere usar IA para diseñar los chips que necesita la propia IA
OpenAI está ofreciendo sus modelos de inteligencia artificial para el diseño de chips y afirmó que utilizó sus propias herramientas para desarrollar el procesador Jalapeño, que alcanzó el estado de “tape-out” en solo nueve meses. La CFO Sarah Friar lo destacó este lunes en la conferencia Communacopia + Technology de Goldman Sachs en San Francisco, al tiempo que señaló que la compañía está llevando la IA a sectores especializados como las ciencias de la vida y los servicios financieros. El movimiento refuerza la estrategia de OpenAI de integrar toda la cadena de valor de la inteligencia artificial, desde los modelos hasta el silicio que los ejecuta.
El chip Jalapeño es el primer “Intelligence Processor” de OpenAI, un acelerador diseñado desde cero junto a Broadcom específicamente para tareas de inferencia de modelos de lenguaje de gran tamaño. Según la compañía, el desarrollo desde el diseño inicial hasta el tape-out —el momento en que el plano del chip se envía a fabricación— se completó en nueve meses, un plazo que consideran el más rápido jamás logrado en semiconductores avanzados de alto rendimiento. OpenAI reconoció que sus propios modelos aceleraron partes del proceso de diseño y optimización, lo que permitió comprimir un ciclo que normalmente toma entre un año y medio y dos años. Las muestras de ingeniería ya están corriendo cargas de trabajo reales en laboratorio, incluyendo modelos como GPT-5.3-Codex-Spark, y los primeros despliegues comerciales se esperan hacia finales de 2026.
El anuncio de Friar se enmarca en una estrategia más amplia de expansión vertical. OpenAI no solo busca reducir su dependencia de los chips de Nvidia, sino también convertir su experiencia interna en un servicio comercial. La compañía está posicionando sus modelos como herramientas especializadas para el diseño de semiconductores, un área donde la complejidad y los costos de desarrollo son extremadamente altos. Al mismo tiempo, está empujando soluciones verticales en ciencias de la vida —con modelos orientados a investigación biomédica y descubrimiento de fármacos— y en servicios financieros, donde las empresas demandan sistemas de IA adaptados a tareas concretas de análisis, riesgo y operaciones. Friar destacó además que OpenAI bajó un 80% el precio de su modelo de menor costo Luna, lo que impulsó un aumento de aproximadamente diez veces en su uso, y que Codex, su herramienta de programación, ya suma 25 millones de usuarios.
Desde el punto de vista de los mercados, el movimiento tiene implicaciones profundas. Diseñar chips propios con ayuda de IA no solo mejora la eficiencia energética y reduce la latencia de las respuestas de ChatGPT y otros productos, sino que también genera una ventaja competitiva en costos de cómputo. Early testing de Jalapeño mostró mejoras sustanciales en performance por vatio frente a sistemas comerciales de referencia, incluyendo los de Nvidia. Al ofrecer esa misma capacidad de diseño asistido por IA a terceros, OpenAI intenta capturar valor en un eslabón crítico de la cadena de suministro de la inteligencia artificial. El crecimiento de ingresos empresariales —que subió 32% entre junio y julio— refleja que las compañías están dispuestas a pagar por soluciones más especializadas y medibles.
Las perspectivas apuntan a una intensificación de la integración vertical en el sector. Mientras los hyperscalers gastan cientos de miles de millones de dólares en infraestructura, OpenAI busca controlar no solo el software sino también el hardware optimizado para sus workloads. El despliegue de Jalapeño a escala de gigavatios con socios de data centers a lo largo de varias generaciones podría cambiar la economía de la inferencia. Para el ecosistema argentino y latinoamericano, el mensaje es claro: la próxima frontera de la IA no se limita a entrenar modelos más grandes, sino a usar esos mismos modelos para diseñar el silicio que los hará más baratos, más rápidos y más accesibles. OpenAI está convirtiendo su propia necesidad de chips en un nuevo producto.
Fuentes: Reuters: https://www.reuters.com/world/china/openai-offers-ai-chip-design-touts-cost-advantage-over-open-source-cfo-says-2026-09-09/ OpenAI (anuncio oficial Jalapeño): https://openai.com/index/openai-broadcom-jalapeno-inference-chip/ TechSpot: https://www.techspot.com/news/112890-openai-debuts-jalapeo-custom-chip-built-cut-chatgpt.html CNBC TV18: https://www.cnbctv18.com/technology/openai-offers-ai-for-chip-design-touts-cost-advantage-over-open-source-cfo-says-19987097.htm
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Tesoro le dio al BCRA otros US$2.000 millones en bonos dólar linked
El Tesoro le dio al BCRA otros US$2.000 millones en bonos dólar linked: qué cambia y por qué lo hace justo ahora
El Gobierno oficializó un nuevo canje de deuda entre el Ministerio de Economía y el Banco Central: le entregó a la autoridad monetaria hasta US$2.000 millones en letras atadas al dólar oficial, a cambio de una Letra en pesos que el Central ya tenía en cartera. No hay dólares nuevos ni suba de reservas: es una recomposición de activos que busca darle al BCRA más herramientas para calmar al mercado sin vender divisas, en el arranque de un semestre marcado por la mayor demanda de cobertura cambiaria típica de todo año preelectoral.
La operación, en criollo
El lunes 7 de septiembre se liquidó la Resolución Conjunta 53/2026 de las secretarías de Finanzas y Hacienda, firmada el viernes 4. El mecanismo es un canje puro y simple:
- El BCRA entregó su tenencia de la LECAP S30O6, una Letra del Tesoro en pesos a tasa fija (capitalizable), con vencimiento el 30 de octubre de 2026.
- A cambio, recibió dos Letras del Tesoro dólar linked (LELINK): la D30S6, por hasta US$800 millones, con vencimiento el 30 de septiembre, y la D30O6, por hasta US$1.200 millones, con vencimiento el 30 de octubre.
- Para poder entregarlas, el Tesoro tuvo que ampliar la emisión de ambos instrumentos —no existían en ese volumen antes de esta operación.
- Todo se liquidó en pesos, al precio de mercado de cada título en BYMA el día de la operación. No hubo transferencia de dólares físicos en ningún momento.
Lo primero que hay que despejar: no toca reservas ni «crea» dólares
Es el punto que más confusión genera y el que conviene aclarar de entrada. Las reservas internacionales del BCRA —los dólares, oro y DEG que respaldan al sistema— solo suben o bajan cuando entra o sale moneda extranjera genuina: compras en el mercado de cambios, desembolsos del FMI, swaps con otros bancos centrales. Este canje no encaja en ninguna de esas categorías: es un intercambio de papeles denominados en pesos (aunque uno de ellos ajuste por el tipo de cambio), liquidado íntegramente en moneda local. El stock de reservas quedó exactamente igual antes y después de la operación.
Lo que sí cambia es la composición del activo del BCRA: antes tenía un instrumento en pesos a tasa fija, ahora tiene instrumentos en pesos indexados al dólar oficial. Es un cambio de exposición y de utilidad, no un ingreso de divisas.
Para qué le sirve al BCRA tener LELINK en vez de LECAP
Acá está la clave que explica por qué el Gobierno viene repitiendo este tipo de canje: la LELINK es el instrumento específico que el BCRA usa para intervenir en el mercado de cobertura cambiaria sin vender dólares.
El mecanismo funciona así: cuando sube la demanda de protección contra una devaluación —algo típico en la previa de un año electoral—, esa demanda puede canalizarse de dos formas. O la gente compra dólares directamente en el mercado spot (lo que presiona el tipo de cambio y obliga al BCRA a vender reservas si quiere contenerlo), o compra bonos dólar linked, que ofrecen la misma cobertura sin necesidad de un dólar físico. Cuantos más LELINK tenga el BCRA en cartera, más puede vender en el mercado secundario para satisfacer esa demanda de cobertura, absorbiendo pesos de circulación en el proceso, sin tocar un dólar de reservas.
El economista Federico Glustein lo resumió con precisión: la ampliación de estas dos letras apunta a evitar oscilaciones intradiarias que generen tensión cambiaria, dándole al Gobierno una forma indirecta de intervenir y ofrecer certidumbre sin que el Central tenga que vender divisas. Fuentes cercanas al BCRA lo calificaron como «un canje más de los muchos que se hacen» entre ambos organismos —lo cual es literal: no es un hecho aislado.
No es la primera vez: la cadena de canjes de 2026
Este mecanismo se viene repitiendo, mes a mes, desde julio:
| Fecha | Resolución | Operación | Monto |
|---|---|---|---|
| Julio 2026 | Res. Conjunta 39/2026 | BONCER (TZXD6) → LELINK D31L6 y D31G6 | hasta US$1.000M cada una |
| Agosto 2026 | Res. Conjunta 49/2026 | LELINK D31G6 → LELINK D30S6 | US$550M |
| Septiembre 2026 | Res. Conjunta 53/2026 | LECAP S30O6 → LELINK D30S6 y D30O6 | hasta US$2.000M |
Es, en esencia, un «rollover» constante: a medida que cada LELINK se acerca a su vencimiento, el Tesoro la va renovando por otra más larga, en vez de dejarla vencer. Un dato de la City ilustra por qué esto se volvió más urgente: en el canje de agosto, la LELINK D31G6 —que tenía un valor nominal en circulación de US$3.930 millones— apenas logró un rollover del 34%, dejando un remanente de US$2.595 millones sin renovar, el mayor vencimiento del año para un título dólar linked. Ese remanente quedó como un foco de demanda de cobertura pendiente, y en parte explica por qué el Tesoro salió a reforzar el stock de LELINK en manos del BCRA esta semana.
El efecto hoy en el mercado
La City recibió la medida como una señal más de «blindaje cambiario» en un momento en que el humor del mercado viene cambiando: suben las tasas, aumenta la demanda de cobertura y el propio Banco Central intervino vendiendo LECAP en el mercado secundario semanas atrás para poner un piso a las tasas en pesos. Un fenómeno detectado por la consultora Delphos resulta clave para entender el contexto: desde mediados de abril, las compras de dólares del BCRA vienen siendo acompañadas casi peso por peso por un aumento de la cobertura vía dólar linked y futuros. Es decir, los pesos que el Central inyecta al comprar reservas no se quedan en el mercado local: buscan protección frente al dólar casi de inmediato. La estrategia de Luis Caputo consiste, justamente, en ofrecerle a esa demanda una salida dentro del propio mercado financiero (comprando LELINK) en lugar de dejar que vaya directo al spot.
En el balance consolidado del sector público (Tesoro + BCRA), la cobertura cambiaria total ofrecida al mercado se ubicaba cerca de US$10.420 millones a fines de agosto, tras haber crecido con fuerza en junio y julio (+US$3.030M y +US$4.740M, respectivamente) y retroceder levemente en agosto. Es un nivel alto, aunque todavía por debajo del que se observó en la previa inmediata de las elecciones legislativas de 2025.
El plan de fondo del Tesoro: llegar a 2026-2027 «con muchos dólares y pocos pesos con los que te puedan atacar»
Esta frase, pronunciada por el secretario de Finanzas Federico Furiase, resume el objetivo estratégico detrás de esta cadena de canjes. El programa financiero que Caputo presentó en julio busca cubrir unos US$30.700 millones en vencimientos en moneda extranjera entre mediados de 2026 y fines de 2027, y contempla varias «canillas» simultáneas:
- Acumular reservas: el BCRA ya superó ampliamente la meta anual de compras (US$10.000 millones) y las adquisiciones acumuladas en 2026 llegaron a más de US$14.000 millones, con el objetivo de aproximarse a los US$17.000 millones antes de fin de año.
- Estirar duration de la deuda en pesos: el Tesoro viene alargando los plazos de sus licitaciones para reducir la presión de vencimientos de corto plazo, aprovechando el interés de bancos y fondos en instrumentos más largos.
- Ofrecer cobertura cambiaria dentro del sistema financiero (el mecanismo de esta nota): en vez de dejar que la demanda de dólares golpee directo el mercado spot, absorberla con bonos dólar linked y futuros.
- Mantener el swap con Estados Unidos (hasta US$20.000 millones) como herramienta de última instancia para episodios de alta volatilidad, sin activarlo salvo necesidad extrema.
El propio equipo económico reconoce que la ecuación no cierra sola: según estimaciones privadas, el país necesitaría cubrir unos US$17.600 millones adicionales para completar la totalidad de los vencimientos hasta diciembre de 2027, incluso sumando los recursos del Tesoro, las garantías internacionales y el probable rollover de los Repos. Además, distintos análisis privados advierten que en 2027 la exigencia cambiaria sobre el BCRA podría escalar a cerca de US$11.000 millones —entre compras para el Tesoro, pagos de Bopreal y la meta con el FMI—, justo en un año electoral donde la demanda de dólares de ahorristas minoristas suele dispararse.
La lectura de fondo
El canje de esta semana no es un hecho aislado ni una jugada extraordinaria: es una pieza más de una estrategia declarada, que consiste en anticiparse a la demanda de cobertura cambiaria propia de la previa electoral, ofreciéndole al mercado una alternativa dentro del sistema financiero antes de que esa demanda termine golpeando directo sobre el dólar spot y las reservas. El costo de esa estrategia lo termina asumiendo el Tesoro, que al emitir cada vez más deuda dólar linked queda más expuesto: si el tipo de cambio se dispara antes de los vencimientos de septiembre y octubre, el Estado deberá pagar más pesos de los previstos por esos mismos títulos que hoy sirven para calmar al mercado.
Fuentes: Boletín Oficial (Resolución Conjunta 53/2026), Ámbito, Infobae, LA NACION, El Cronista, BAE Negocios, iProfesional y Perfil.
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